martes, 2 de febrero de 2010

Una entrada par no lectores. Quien comprenda, escriba

El interés objetivo y egoísta que descansa sobre las pasiones y deseos de lograr plena satisfacción individual, basta para ser el medio de realización exterior que vincula la idea con una historia monumental, bajo la subordinación del pensamiento al ser, ése que sucumbe en lo factual, lo concreto, en las materialidades que significan y reacomodan los principios de los pueblos. Ahora bien, es el concepto, la concepción e interpretación aquél que encadena los hechos históricos determinados por espacios-tiempos para articular una continuidad de momentos históricos. Dicha vinculación de la idea como la realidad perceptible de la conciencia del espíritu y los medios de realización como una extensión del individualismo metodológico, son la muestra de la apuesta metodológica que plantea Hegel en la construcción epistemológica de la filosofía de la histórica universal. Primero abstracción de las categorías concretas, objetivas, reales; desnudando su ascenso hacia el palacio de la razón para, como segundo, devolver la naturaleza, la esencia comprendida, filtrada por la conciencia al campo de lo exterior, factual y concreto. La presentación metodológica, dialéctica que posteriormente usa Karl Marx en la construcción de su magnifica obra “DAS KAPITAL” que recoge en su libro “contribución a la crítica de la economía política”, de lo concreto objetivado a lo abstracto y luego a lo concreto enriquecido, regala un potente mecanismo para reflexionar sobre los problemas contemporáneos.

Así, el orden se mantiene y la coherencia con él, se inicia con la compresión de la esencia, del espíritu, el concepto, del fin, el proceso, el contenido para develar el ser en sí mismo, luego la cautela para ir vistiendo de finos paños el espíritu universal a través de la significación de las partes que integraban el todo, el caso del espíritu de un pueblo particular que viene de la conciencia en tanto se forma en un mundo real y contiene todos los fines e intereses del pueblo en sí mismos, pueblos individuales que sucumben y dan paso a nuevos principios, pueblos que suceden por la desaparición de aquellos que caen presos de la constante y la costumbre. He ahí la relevancia del método, la construcción del conocimiento yace sobre la razón que une la pasión, la idea y el estado.

Ahora, si a lo anterior, se agrega el benencio/perjuicio que adquiere el individuo y la colectividad en cuanto al valor (objetivo y subjetivo; de uso e intrínseco) de la historia universal, planteamientos de Nietzsche en su segunda consideración intempestiva: de la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida, los eslabones de la cadena se tienen, basta la forma de encadenarlos. De un lado, la filosofía de la historia universal con significaciones, naturalezas donde el interés absoluto es la razón, interna en tanto el espíritu del individuo y los pueblos se fundan y crean a sí mismos, externa, en tanto parte de los deseos y motivación de individuos y colectividades con base en el mundo a través de conciencia del espíritu; así la moral, en su forma concreta, es resultado de lo universal y lo subjetivo, que postula en la abstracción del Estado el órgano que se postula como el “objeto inmediato de la historia universal” (Hegel, 1974/2005; 177). De otro lado, el uso de la historia, de los modos de apropiación del arte, cultura, política, economía, territorio, como un resultado del interés por conformar nuevos y mejores individuos y pueblos a la luz de sujetos históricos que construyen una historia monumental, o simplemente, la afirmación incesante de los tiempos pasados en continuidad con lo habitual, negación a las fluctuaciones cambiantes; en otro caso, un resultado de juicios de valor que glorifican el espíritu. En general, una completa compresión de la historia en todos sus dimensiones.

Ahora, desde el punto de vista de la metodología planteada, lo complicado es el empalme fructífero de las partes que constituyen el todo. Sin profundidad haré alusión a dos problemas que surgen al confrontar la historia universal desde lo descrito arriba, partiendo del supuesto que contrario, observar el problema como un todo sin fragmentar. El primero, la fragmentación espacio-temporal o cognitiva; el segundo, el viaje por la evidencia racional. En el primer problema se olvida de la concepción en tanto parcializa la historia, la fragmenta, crea la fractura del tiempo y por tanto condiciona los espacios con el fin último de encontrar una representación que motive, glorifique o justifique la búsqueda de la grandeza o la garantía de permanecer en una historia monumental. El segundo, lo describe Hegel como la necesidad subjetiva que lleva al estudio de las ciencias, pero al considerar la razón como sustancia y elevación de lo infinito que debe persistir en las aproximaciones a la historia, presupone una razón inmutable, verdadera, completa, holística, traída de las lógicas del equilibrio natural y la ordenación de lo celeste, que desvirtúa todos uso indebido de la historia como lo argumenta Nietzsche cuando previene de la imprudencia que puede generarse al traslapar bajo el uso del concepto integrador de los hechos históricos las condiciones en las cuales se cultiva los modos de la historia (monumental, anticuaria y crítica). Del primer problema deviene la interpretación, destruye la pureza de la historia y pasa a convertirse en la construcción apriorística del ser que viaja al pasado para satisfacer las curiosidades que estimulan sus intereses, allí la elección de la concepción como eslabón de la historia está formada por sus identidades con los espacios o materialidades en la construcción de la vida misma, así, en conexión con el segundo problema, no hay cabida a la filosofía de la razón como visión de la historia puesto que a ésta se aproximan personas que utilizan la inteligencia como razón. Aunque, parece aludir el discurso a dos momentos del análisis, concepción e interpretación, el último deviene sobre el primero y este sobre el último.

Lecturas recomendadas:

Hegel, G. W. F. (1837/1985) Lecciones sobre la filosofía de la historia universal. Traducción de José Gaos. Madrid: Alianza Editorial. Leer: ”Introducción general”.

Nietzsche Friedrich (1874/2006) Segunda Consideración Intempestiva. De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida. Buenos Aires: Libros del Zorzal.

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