viernes, 12 de marzo de 2010

Posturas metodológicas de las espacialidades

El reclamo constante de Lefebvre por entender la naturaleza de las relaciones sociales en el espacio, no elude la crítica del primado del tiempo y el uso de la categoría espacio entre el pensamiento filosófico clasico. En coherencia con el debate epistemológico planteado por Soja y Pardo, en discusión anterior, Lefebvre muestra que el reduccionismo, aunque no es categoría que utiliza, forma parte integral de los teóricos del espacio, de nuevo aparece: la “res extensa” devant la “res cogitans” sin embargo, es enfático en aseverar como las reflexiones epistemológicas-filosóficas no han dado eje a lo que pretende con su discurso: “una ciencia del espacio”; aquí, igualmente advierte Foucault (1967) sobre la historia del concepto de espacio, aunque no la polemiza. Anoto un punto interesante, atrevernos a llamar ciencia del espacio a la construcción argumentativa de postulados teóricos y la crítica del abismo entre los términos: lo físico, lo mental y lo espacial, ¿es acaso, una demostración propositiva suficiente para llegar al espacio como verdad o, a la verdad del espacio como construcción social?

Bien hace Foucault (1967) en reconocer que la discusión no se cierra a la visión “neo o meta-marxista” de Lefebvre y su discípulo Soja. En el siglo XIX el espacio gana terreno en las discusiones científicas:
“The nineteenth century found its essential mythological resources in the second principle of thermaldynamics- The present epoch will perhaps be above all the epoch of space” (el resaltado es mio)

No obstante, aunque Lefebvre advierte el peligro de alinear las energías sociales sobre las energías físicas, los campos de las fuerzas llamadas humanas sobre los campos de las fuerzas físicas, me permitiré enfocar el punto, con la certeza de acatar el peligro, pero con el ánimo de aclarar la naturaleza del argumento. Por un lado, no existe la simpleza mecánica en los fenómenos irreversibles que estudia la física con su concepto de entropía, más allá de una proyección vectorial de lo social, económico, político y cultural sobre un terreno, como el reconocimiento de la práctica espacial, las ciencias duras como la física en su lenguaje común de energía, espacio y tiempo, a mi juicio, distan de separar el análisis de las categorías mencionadas, pues una energía o fuerza adquieren sentido por sus efectos en el espacio, un espacio aislado es una realidad vacía, las fuerzas y energías (producción, reproducción) desarrolladas en el espacio, sustentan la realidad del espacio. Los fenómenos químicos y biológicos considerados irreversibles (la primera implicación de la premisa: “l’espace (social) est un produit (social)”) y probabilísticos pueden ser un foco de referencia. Desde este punto de vista la crítica debe interiorizarse.

Por otro lado, vale advertir la separación del análisis entre las ciencias naturales y las ciencias sociales. La “trialéctica espacial” de Soja (1996), la construcción de la “teoría que necesitamos del espacio”, expresada por Lefebvre, las heterotopías de Foulcault, no pueden constituirse baja el enfoque de una visión física, una extensión de los métodos extrapolados al campo de lo social. Evitar el mismo pecado que ha cometido la economía con la física clásica Newtoniana al retomar conceptos como, por ejemplo: elasticidad y equilibrio para modelar comportamientos de la naturaleza humana. El elemento principal, que limita la integralidad de los campos del saber es lo práctico sensorial (espacio social) en contraposición a lo lógico matemático.

Así, el desarrollo teórico de Lefebvre con sus implicaciones de la premisa del la producción social del espacio, poniendo en escena la practica social (l’espace perçu), las representaciones del espacio (l’espace conçu) y los espacios de representación (l’espace vécu) abre las puertas a Soja (1996) para continuar con el pensamiento sobre el espacio, proponer rutas de análisis en representaciones gráficas, extensiones sobre las implicaciones de Lefebvre (influencias capitalistas, naturalezas de los tres espacios), modernización del discurso (Expresa Soja: los SIG ahora cuentan con una teoría del espacio). Mientras que Foulcault, con base en las heterotopias, los emplazamientos en los lugares reales, aporta una forma novedosa de comprender las conexiones de la producción social del espacio. Retomando a Soja (1996), quedamos invitados a una construcción de la epistemología del espacio (triespacio) abierta y libre de explorar nuevos lugares.

Entre todo lo anterior, son dos puntos que me quedan pero “no tengo espacio” y pueden ser motivo de discusión en el curso: 1. El surrealismo, 2. El poder. El primero, como una extensión al campo de la literatura de las visiones del análisis espacial, pues recoge la visión holístico del espacio (lo descifra), la reacción ante la hegemonía y la ironía frente a la racionalidad mecánica; en casos particulares, el Alhep de Borges para Soja, L’Amour fou de André Breton para Lefebvre. El segundo, trasversal a todos los textos propuestos, con énfasis en el conocimiento, como afectación y en casos más extremos la dominación de la producción del espacio.
Lecturas de referencia:
Foucault, Michel (1967) “Of other spaces”. Conferencia dictada en el Cercle des études architecturals el 14 de marzo de 1967. Publicada originalmente en: Architecture, Mouvement, Continuité, No. 5, octubre de 1984. Versión traducida al inglés por Jay Miskowiec en: http://foucault.info/documents/heteroTopia/foucault.heteroTopia.en.html. Junio de 2004

Lefebvre, Henry (1974/1991) The production of space. Cambridge: Blackwell. Leer Capítulo 1. “Plan of the present work”, páginas 1-67. Hay versión francesa: La production de l'espace. Paris : Anthropos, 1974.

Soja, Edward (1996) Thirdspace. Journeys to Los Angeles and Other Real-and-imagined Places. Malde-Oxford-Victoria: Blackwell Publishing. Leer capítulos 1 y 2, páginas 26-82.

El lugar de las ciencias sobre el espacio


La preocupación por el espacio se presenta a través de una interpretación de los orígenes de lo espacial como fenómeno de menor jerarquía a lo histórico. Es el mismo enfoque del primado del tiempo discutido en las lecturas de Hegel y Nietzsche. Justificación que argumenta Pardo (1992) en la división ontológica de “res extensas” delante de “res cogitans”, donde muestra como el primado del tiempo es una derivación de la epistemología de la metafísica, como resultado se privilegia la interioridad, en tanto lo exterior es cuerpo, es espacio. Surge, igualmente, una preocupación por el poder de las categorías para direccionar los discursos (desde la perspectiva de Foucault), imposición que se llama al orden para construir, de nuevo, e insistentemente lo trabaja Soja (1989/1994), una dialéctica entre historia-geografía en planos equilibrados de relación. No obstante, el neo-estructuralismo que surge bajo las tensiones de los sistemas de producción y reproducción social postula el propósito de Soja, usando una categoría del economista Schumpeter, es una “destrucción creativa” dialéctica de la narrativa histórica afirmando la perspectiva espacial en el análisis social (tiempo-espacio-ser social).

En términos metodológicos, Soja (1989/1994) pretende reivindicar el materialismo histórico como herramienta metodológica para comprender las relaciones sociales (relaciones espaciales para Lefebvre), sin querer conquistar la historia con un discurso geográfico para realzar el tema del espacio, la búsqueda es una dialéctica del espacio que considere y equilibre historicidad y espacialiadad; un llamado a construir no una historia sino la construcción social de espacios, geográficas humanas que conecten al mundo con la existencia del espacio. Por su parte, Pardo (1992) Desarrolla los orígenes y tensiones del espacio/tiempo como categorías e instrumentos metodológicos para entender los fenómenos y contradicciones reales; pasando por la mecánica de Leibniz, las críticas de Hume sobre las ideas y el empirismo como caminos válidos para conocer, la dialéctica del Espíritu de Hegel (espacio: “el ser fuera de sí mismo”), la racionalidad de Kant al supeditar el conocimiento válido en la experiencia en espacio y tiempo (elementos que determinan la posibilidad del conocimiento humano verdadero), la fenomenología de Hurssel y su discípulo Heidegger; el discurso se desarrolla en consideración de la filosofía Griega de encontrar la verdad en el alma (interioridad) no en el mundo (exterioridad). Así mismo, incita a considerar la subjetividad del espacio pero haciendo hincapié en considerar las categorías espacio y tiempo subsumidas en la “afectación”, ésta último con una historia y determinante el pensamiento (“lo pensado tienen como referencia último lo sentido”).

Ambos autores discurren entre las construcciones epistemológicas de la primacía del tiempo sobre el espacio; no obstante, la consideración de lo sensible, lo exterior, lo espacial, lo geográfico, la praxis, la acción humana como fuerza cambiante del mundo, se constituyen en elementos centrales para postular la reorientación de la filosofía moderna y la producción social del espacio. Ahora bien, los neo-marxista o meta-marxistas (como describe Soja a Lefebrvre), evitan tratar temas como la disipación, irreversibilidad, postulados que emergen de la segunda ley de la termodinámica[2] y, particularmente la entropía[3], trabajos que valieron el Nobel al profesor Ilya Prigogine (1917-2003) teoría que mantiene la primacía del tiempo y el “fin de lo cierto” para dar paso a las incetidumbres en los procesos, donde el tiempo se recompone como algo dinámico, continuo y receptivo de las diferencias cualitativas, tiempo que se descubre por la complejidad.

Al parecer las ciencias siguen trazando fronteras que excluyen las demás posturas puesto que las unas descansan en la eliminación de los argumentos fundamentales de las otras. Los procesos físicos, químicos y biológicos, ubican al tiempo como rey; los procesos sociales, un materialismo dialéctico social que equilibra la relación espacio-tiempo, aunque en ocasiones el discurso se ubica como la primacía del espacio. Tal vez, asistimos a fundamentar el espacio como forma explicativa de los fenómenos que cauda el tiempo. Aclarar las fronteras, o al menos, el proceso de difuminación, desde el punto de vista teórico, metodológico y práctico ilumina el camino del enfoque socio-espacial.


[2] Esta ley regula la dirección en la que deben llevarse a cabo los procesos termodinámicos y, por lo tanto, la imposibilidad de que ocurran en el sentido contrario
[3] entropía describe lo irreversible de los sistemas termodinámicos.
Lectura de referencia: Pardo, José Luis (1992) Las formas de la exterioridad. Valencia: Pre-textos. Leer “Introducción: el espacio del pensamiento” y “I. Afuera en la naturaleza”, apartes 1 y 2”, páginas 10-92. Soja, Edward (1989/1994) Postmodern geographies: the reassertion of space in critical social theory. Londres/Nueva York: Verso. Leer capítulos 1 a 5, páginas 10-137.