domingo, 2 de diciembre de 2012

A propósito de la espacialidad de la pobreza


“¿Quién no sabe que el término ecología quiere decir, en sentido literal: teoría o discurso de la casa de los seres vivos? Del lugar, de la morada, del hábitat…en suma, lugares propicios y propios de los seres dotados de vida”
Michel Serres (Atlas)

El lugar, la morada que describe Michel Serres es el hogar, la casa, una disposición de elementos en el espacio que se privilegian en tanto la utilidad de las distancias, distribución topológica que adquiere diferentes formas con el mismo contenido, espacios producidos socialmente puesto que confluyen tanto las unidades materiales, físicas como los sentidos de lugar, significados singulares, únicos, asociados a significantes. ¿Qué pasa cuando hay más de uno en casa? Llega la alteridad, el otro que privilegia otras distancias, los mismos significantes le producen diferentes significados, el reconocimiento de la diferencia es la aceptación de la existencia de signos distintos usados como vehículos para expresar el mismo contenido; quiere decir, que una vez las ciencias sociales, comenzando por la antropología, acepta la diferencia cultural, aparece el conflicto como algo intrínseco a las relaciones humanas[1], en su condición de umbral, límite, frontera. Entonces, el espacio producido socialmente es un espacio de conflicto puesto que se construye a través de la diferencia, un sistema estructural en tanto la manera de combinar es la que produce los sentidos, pura realidad espacial. Ahora bien, pensar la espacialidad como un conjunto de contradicciones, al estilo marxista, supone la homologación del espacio a las relaciones de clase, supuesto de poca cautela a propósito de los desarrollos de Lefebvre y Soja, principalmente.

Con lo anterior vemos que, en efecto, como lo plantea Soja, la espacialidad (espacio producido socialmente) no se concibe fuera del la realidad del conflicto. Así, de cara a mostrar la pobreza como un asunto espacial y su despliegue en los dominios de la geografía humana, vamos a usar el andamiaje metodológico propuesto por Luis Berneth Peña (2008) pero tratando de interiorizar la crítica del párrafo anterior. Lo que conlleva a tomar como recursos el dominio sociedad naturaleza y los otros dos fusionarlos en una propuesta para pensar la pobreza como espacialidad.

Presos del determinismo económico (Sociedad-Naturaleza)
Si bien la preocupación por la pobreza ha sido una constante en el pensamiento económico que se puede rastrear desde antes de los clásicos de le economía como Smith, Ricardo, J.S Mill, y el mismo Marx, solo hasta después de la Segunda Guerra Mundial, con la creación de las organizaciones multilaterales y el programa para la reconstrucción de Europa y Japón (Plan Marshall)[2], es cuando se comienza a pensar en la pobreza como una forma de aproximarse a la medición del desarrollo de los países, en dicho contexto la pobreza es una forma enunciativa de menor escala que el desarrollo mismo, es decir, entendida como “carencia de” adquiere su condición global en forma del enunciado “desarrollo”, vinculado éste último, entre los años 50 a 70 con los niveles de crecimiento del PIB que lograba obtener un país. En plena batalla ideológica, una guerra colonizadora, se privilegian los modelos económicos de cara a un crecimiento económico fuerte vía dinamización de la inversión, aquellos países que no lograban mantener una tasa de ahorro suficiente para crecer anualmente entre el 5% y 7% eran considerados como atrasados[3]. La estructura económica interna determinaba la condición de pobreza/riqueza, aquellos países rurales, dependientes del agro, disperso, con escasa industria y servicios eran considerados como pobres y por tanto debían seguir un camino hacia la riqueza, estadios del desarrollo que premiaban la concentración, la industria y los servicios, una visión teleológica y colonial del desarrollo. Además, como lo argumentarían más tarde los trabajos en geografía económica, la concentración favorece las fuerzas dinámicas de la economía a través de reducción de costos y generación de externalidades positivas a la producción.

El mundo estaba viviendo la “época dorada del capitalismo” que colapsó en 1973 con la subida de los precios del petróleo provocada por la OPEP situación que terminó con las altas tasas de crecimiento mundial del PIB. Aunque antes del colapso mundial los ingresos per capita crecían anualmente al 3%, en dicho periodo la preocupación por los niveles de vida era evidente pues ante tal crecimiento, la calidad de vida continuaba invariante, con la crisis del petróleo se agudizó el debate. Lo que se constituía como desarrollo, puramente enunciado en su forma y sustancia es dignificado y le continúa una carrera por replicar la expresión como código determinista de la formación de los espacios de visibilibidad.

Al cambiar del escenario europeo, desilusionados por los resultados de los modelos de estadios del crecimiento y cambio estructural, la revolución de los 70 principalmente por América Latina en cabeza de la Cepal, bajo el pensamiento de Prebisch y Furtado, adoptan el  modelo centro-periferia. Los seguidores del movimiento argumentan el subdesarrollo como una condición intrínseca al capitalismo, donde coexisten ricos y pobres en un sistema internacional dominado por la relaciones de poder entre el centro (países desarrollos) y la periferia (países con bajos niveles de desarrollo –LDCs, por su siglas en inglés–) donde los primeros erigen su crecimiento a costa de los segundos y, los segundos, quedan relegados a ser dependientes y de bajo desarrollo. En la práctica, los países continuaron replicando la “aprendido” pero limitaron la relación, privilegio a la industria y los servicios pero sin “dependencia” de Estados Unido o Europa; exclusión del otro por considerar sus prácticas como coloniales y hegemónicas, expulsaron a los segundos que habitaban la casa, interiorizaron los problemas del desarrollo y la pobreza, sin llegar a reconocer la diferencia y la coexistencia en el espacio-tiempo, mucho menos el discurso per se del desarrollo. Solución fallida, un modelo de sustitución de importación que dinamizó la industria interna pero desestimulo el crecimiento efectivo por una producción en inventario con escasa competitividad, continuaba la etiqueta que ubicaba a dichos países en otros tiempos, tiempos precarios.

Mientras, políticos y economistas de los países de bajos ingresos eran cautivados por la idea de la dependencia y la revolución, surgía, en los años 80, la contrarrevolución neoclásica. Reivindicar el libre mercado y la política neoclásica lleva a los seguidores de la contrarrevolución a argumentar y a justificar las causas del subdesarrollo como un asunto interno a los países, muestran que los resultados en materia de pobreza son causados por la asignación de precios incorrectos los cuales se forman por la excesiva intervención del estado en los asuntos de mercado, su corrupción e ineficiencia; entonces, al eliminar la distorsión en los precios de los factores, productos y mercados financieros, la eficiencia económica y el crecimiento económico serán estimulados  (Todaro y Smith, 2006; 121). Esta visión recupera los planteamientos de Adam Smith del libre mercado y reivindica las posturas neoclásicas en el pensamiento del desarrollo, pues el discurso logra permear países como Chile, principalmente con la intervención del premio nobel Milton Friedman y el trabajo de los llamados “chicago boys” en la dictadura de Pinochet que plantearon reformas estructurales contrarias a las promulgadas por la CEPAL que logran corregir los problemas macroeconómicos del país; igualmente notoria, bajo una corriente neoclásica, fue la intervención simbólica del profesor Jeffrey Sachs en la economía boliviana para contener los problemas de la “inflación galopante” que destruía la economía local.

En general, las visiones clásicas del desarrollo muestran una alta dependencia conceptual con el crecimiento económico, es decir, es el PIB per cápita el centro del análisis. Análisis globales que se reducen a planteamientos macroeconómicos, modelos de oferta y demanda que corrigen problemas de precios en el mercado laboral, real y monetario. Persiste el descuido por el análisis local, las diferencias, el sistema de identidades y las prácticas sociales. Se privilegian los procesos que aporten a la estructura productiva del país, vía explotación de los recursos estratégicos e inserción a los mercados internacionales, una lógica de la acumulación del capital que genere beneficios a las empresas y por reducción se mejoren las condiciones de bienestar material (consumo) de la población.

La tradición clásica del desarrollo sufre un cambio en la focalización de los argumentos y la atención se desvía sobre la argumentación conceptual del desarrollo en lugar de privilegiar los resultados del crecimiento, muere la visión tradicional para dar paso a propuestas alternativas y/o complementarias. Entre las propuestas principales se encuentra el relatorio de Uppsala sobre el otro desarrollo publicado por Dag Hammarskjold Fundation en 1977, es la expresión de una nueva conceptualización del desarrollo en cooperación con organizaciones locales y no gubernamentales, privilegiando un desarrollo igualitario, endógeno, autónomo y ecológico (Hidalgo, 1998; 232). El énfasis se presenta en la satisfacción de las necesidades básicas materiales y no materiales de la población menos favorecidas de la sociedad; además, se inicia corrientes que construyen los enfoques como el etnodesarrollo, ecodesarrollo y desarrollo sostenible.

A la par de los modelos de contrarrevolución se postula como discurso la ecología en el campo de la economía dados las continuas afectaciones del ambiente y la destrucción ecosistémica de los espacios naturales. La crítica bien la resume el gráfico que presenta Ahmed Hussen (2004: 19) en su libro: “Principles of enviromental economics” donde refleja la relación entre la biosfera y la economía. Partes de la Biosfera como una extensión de recursos ambientales finitos y escasos que contiene el subsistema económico en interacción constante recibiendo recursos de la biosfera y devolviendo un producto, con frecuencia desperdicios y/o contaminación a la misma biosfera.

Diagrama 1. “Ecologically enlightened economic view. The biosphere is continuously energized by solar power. The human economy (comprising the activities in the inner circle) depends on inputs (throughput) and outputs (disposal of waste) to the biosphere. The biosphere is finite, as indicated by the outer circle”(Hussen, 2004: 19).


La crítica emerge al considerar la economía como un sistema abierto, desprovisto del contexto medioambiental, un sistema que busca la satisfacción de necesidades ilimitadas sin considerar los costos para la reproducción de la condiciones de vida similares o mejores para las generaciones futuras (sostenibilidad ambiental); bajo una visión simplista del proceso económico, la racionalidad del productor, dominado por servir al consumidor, olvida que la economía en su conjunto está alimentada por un sistema cerrado, limitado y finito, además que sus demandas al ambiente alteran los ecosistemas, los sistemas biológicos que soportan la vida. Entonces, la visión ecológica busca la comprensión de la interrelación entre los seres vivos y su hábitat, para el caso, los procesos económicos como una derivación de las acciones humanas y la alteración del territorio.

La inconsistencia que emerge entre la escasez de los recursos y los ilimitados deseos de producción, encuentra soluciones parciales en la formalización de impuestos directos, teoría de las externalidades que asigna derechos de propiedad y corrige los “fallos de mercado” vía intervención estatal. El debate aún se da en el plano político con pocas repercusiones en las expresiones de la pobreza y el desarrollo.

Pobreza como realidad espacial (sociedad-espacio y prácticas espaciales)
En lugar de realizar una recopilación sobre la teorías del la geografía económica y la llamada nueva geografía económica, me interesar plantear la pobreza como un asunto de la producción espacial.
Igualmente, me declaro, hasta el momento, alejado de la consideración marxista que plantea Harvey por el olvido de las críticas hechas a Marx, pero rescatando igualmente muchos de sus aportes metodológicos para pensar el espacio en términos de relaciones sociales. Entre los olvidos señalo, principalmente, la adopción de la teoría de capital humano en la producción y su subsiguiente incorporación al ciclo sistémico (Dinero-Mercancía-Dinero) que hace fluctuar la tendencia de la  composición orgánica de capital, en muchos casos, por largos periodos, una tasa de ganancia positiva. Otro olvido, el desmonte de la teoría valor-trabajo (soporte de toda la teoría marxista) por la teoría marginalista, tratada ésta última dos años después de la publicación del primer tomo del capital, por Menger, Walras y Jevons, pero invisibilizada hasta el surgimiento de la teoría neoclásica contemporánea. Otro sesgo de contexto, olvidar que los salarios se pagan de capital circulante y no de capital fijo y privilegiar el desmonte de la inversión en capital fijo aduciendo a discurso de la igualdad que en últimas termina minando el aumento del acervo de capital circulante y por tanto el aumento de los salarios.

La espacialidad de la pobreza

Los estudios de la pobreza convergen en considerarla como un fenómeno multidimensional. La calificación de aspectos como la comida, el vestido, la salud, la educación, las viviendas y los servicios públicos se convierten en los dispositivos visibles, prácticos que soportan las mediciones y aparecen como prioridad en los planes de la política pública; aún es incipiente la evaluación de las nociones cualitativas de la pobreza por la dificultad en los diseños de los instrumentos que representen el total de la población; por consiguiente no se avanza en analizar las percepciones. El enfoque multidimensional de la pobreza sugiere que la manifestación de la pobreza es la agregación de diferentes dimensiones que componen la vida de una persona, el ingreso es postulado como una condición necesaria en tanto medio para acceder a las funciones de la vida que valoran las personas.

En la mayoría de los casos, la pobreza es medida en términos absolutos y relativos. La primera, se enfoca en los niveles de consumo o ingreso mínimo que deben alcanzar las familias para sobrevivir. La segunda,  aluden a considerar la pobreza como un asunto social, puesto que las prácticas de consumo y las necesidades de la población dependen de las prácticas de consumo y las necesidades de los demás. Feres y Mancero (2001: 11) definen los enfoques así:

Mientras el primer enfoque (absoluto) sostiene que las necesidades –o al menos una parte de ellas– es independiente de la riqueza de los demás, y no satisfacerlas revela una condición de pobreza en cualquier contexto, el segundo plantea que las necesidades surgen a partir de la comparación con los demás, y la condición de pobreza depende del nivel general de riqueza”

Aunque se observe la preocupación de la pobreza como problema importante en la literatura económica, política y sociológica, principalmente, los esfuerzos por incorporar los sentidos de lugar y los análisis de las estructuras y las relaciones que dan lugar a las expresiones que se toman para evaluar la pobreza, no permean los discursos.  Al parecer las formas de naturalizar la pobreza para evaluarla se convierte en la traducción del discurso económico donde la pobreza es el resultado de la escasa capacidad de un país para producir riqueza y distribuirla con eficiencia. No se desconoce los avances teóricos de  economistas como Amartya Sen, que teoriza sobre el desarrollo expresado en la libertad para poder acceder a la vida que cada individuo valora como adecuada; no obstante, la intención es llamar la atención sobre el análisis espacial que queda oculto hasta en la misma teoría del Nobel.

Frente a los dominios evaluativos de la pobreza importante considerar la sugerencia de Haining (2004; 15): “The social and environmental sciences are observational not experimental sciences”. En efecto, interesa a las ciencias sociales significar las relaciones sociales, observar los comportamientos de los individuos en un tiempo espacio singular, puesto que las diferencias de lugar, espacio y tiempo abren la visión general de los procesos sociales. Las categorías de lugar y localización juegan un rol importante en el análisis social en cuanto dejan ver la variabilidad entre las unidades espaciales que comparten atributos y la disposición de dichas unidades en un sistema regional donde importa la distancia, interrelación, el contexto, la escala y la posición para explicar la variabilidad en los atributos de los lugares Haining (2004). 

Atender a las diferencias de lugar, espacio y tiempo, además de ampliar el panorama del análisis, sensibiliza al investigador para captar los sentidos de lugar, significar los espacios de pobreza expresados más allá de los cuerpos, en las interacciones sociales que conectan territorios, que escapan de los límites o encerramientos naturalizados para enunciar la pobreza (países pobres, regiones pobres, localidades pobres). Al respecto, la manifestación de la pobreza tiene talantes diferentes y coexisten con espacios otros que si bien no muestran la pobreza material, hacen parte de un sistema de huellas y relaciones que ayudan a explicar los espacios de pobreza/riqueza; es una forma escalar de comprender los espacios en cuanto los lugares locales extienden sus relaciones hasta los dominios internacionales, bajos diferentes estructuras y direcciones en las que se manifiesta el poder.

 Otro aspecto a favor de acentuar el significado de la diferencia cultural, es la importancia del lugar en la forma de cómo se construyen, imaginan, cuestionan e imponen en el territorio las expresiones de la pobreza. Se deduce que las personas viven la pobreza de formas diferentes, que los lugares y la disposición de los artefactos que integran el espacio geográfico difieren entre los territorios, que las inscripciones en el espacio, las significaciones y el simbolismo están cargadas de sentido, sentidos del lugar.

“No es el ocupante quien determina sus espacios, sino ellos quienes le determinan y preceden, le anuncian, le acompañan y le definen, proporcionando cuando es preciso un molde a sus vivencias o un contenido a su “campo perceptivo”” (Pardo, 1992: 19)

Bajo ésta línea, es el espaciotiempo la categoría crucial en el análisis de la producción y reproducir de la pobreza. Las características de los territorios, disposiciones del espacio geográfico, físicas y construidas, condicionan las representaciones del individuos al tiempo que les limita la libertad de acción; más allá de la vivienda como recurso físico o lugar de reproducción, también interesa la experiencia del ser con su hogar, su capacidad de ser y estar en ese espacio, cuando el espacio mismo es producto de las relaciones sociales. En éste sentido, las expresiones espaciales de la “compresión del espacio-tiempo” que alude Massey y que David Harvey ha trabajado más a fondo, tienen estructuras diferenciadas puesto que la experiencia con el espacio, las proximidades, lejanías, conexiones, prolongaciones y, en general las formas del lugar tienen manifestaciones  diferentes. Es más, en muchos casos, donde los niveles de pobreza son extremos, donde la primera y última pertenencia es el ropaje, “la última frontera donde descansa la esencia”, no existe compresión alguna del espacio-tiempo.
Son los desplazamientos y entrecruzamientos de los individuos en un territorio quienes cargan de significados las materialidades, convergen los espacios objetivos con los espacios de significación; los primeros, en cuando disponen de un sistema de dispositivos visibles, tangibles que organizar y jerarquizan los territorios, que se manifiestan como los contenedores de la pobreza para los planificadores; los segundos, agregan los sentidos de lugar, significaciones, vivencias singulares, las manifestaciones simbólicas.

Así, el análisis rompe los límites impuestos a los lugares como creaciones planificadoras y logra proponer un sentido global de los lugares, al considerar las relaciones asociadas a la pobreza que se extienden sobre el espacio. Un ejemplo particular que se ha tratado de incluir en los estudios de la pobreza es el capital social, entendido este último como todas las relaciones, normas y extensiones sociales que facilitan la acción colectiva para, por ejemplo, paliar los problemas de la pobreza. Aunque se introduce el argumento de las redes sociales y los mecanismos de extensión de las mismas, de nuevo el análisis del lugar queda al margen.

En síntesis, importa y mucho, la diferencia espacial en los análisis de la pobreza. Primero, la pobreza tienen expresión espacial por tanto debe reconocerse su naturaleza espacial; segundo, los lugares son un  constructo de relaciones sociales que se diferencian unos de otros por consiguiente la estructura de los espacios de pobreza serán diferentes en cada territorio y se extenderán a través del espacio puesto que los límites o restricciones a los espacios de pobreza no están cubiertos por una membrana sino que son función de las relaciones sociales escalares; tercero, los lugares están cargados de simbolismos y significaciones que forman el sentido del lugar, entonces, la pobreza igualmente tienen asociados sentidos de lugar que amplía aún más las diferencias espaciales.

Bibliografía
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Feres, Juan Carlos y Mancero, Xavier (2001). Enfoques para la medición de la pobreza. Breve revisión de la literatura. CEPAL - SERIE Estudios estadísticos y prospectivos No 4. División de Estadística y Proyecciones Económicas. CEPAL

Goldin, Ian y Reinert, Kenneth(2006). Globalización para el desarrollo: comercio, financiación, ayuda, migración y políticas. Banco Mundial. Colombia, Planeta.

Harvey, David (1990/1998) La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural. Traducción de Martha Eguía. Buenos Aires: Amorrortu editores.

Haining, Robert (2004). Spatial Data Analysis: Theory and Practice. United Kingdom.  Cambridge University Press.

Hudson, Ray (2004). Conceptualizing economies and their geographies: spaces, flows and circuits. University of Durham, Department of Geography and International Centre for Regional Regeneration and Development Studies, Wolfson Research Institute, Durham DH1 3LE, UK. Progress in Human Geography 28,4 (2004) pp. 447–471

Hidalgo, Antonio Luis (1998). El pensamiento económico sobre el desarrollo: desde los mercantilistas hasta el Pnud. Universidad de Huelva.

Hussen, Ahmed (2004). Principles of environmental economics.Second edition.New York.published in the Taylor & Francis e-Library.

Nafziger, Wayne (2006). Economic Development.New York,Published in the United States of America by Cambridge University Press.
Massey, Doreen. A global sense of place.

Pardo, Jose Luis (1992). Las formas de la exterioridad. España, Pre-textos.


[1] Contrario a la visión de Comte, Durkheim, Parson que describen el conflicto como un mal de la sociedad. Pero donde cabe la acepción de Marx  al contraponer las clases sociales en el seno del trabajo, pero todo dentro de un proceso de relaciones sociales.
[2] Plan Marshall consistía en ayudas de Estados Unidos, daba asistencia técnica y económica a la destruida Europa con el fin de restituir el comercio internacional y el sistema financiero, meta que se logra y paralelamente, surge la preocupación por los países de Asia, América Latina y África como campo de investigación alternativo a los procesos de Occidente (Nafziger, 2006; 81).
[3] Los principales aportes llegan por  el norteamericano Walt Whitman Rostow, quien en 1960 publica la obra las etapas del crecimiento económico con el fin de dinamizar la teoría clásica de la producción; en la misma línea aparece el modelo Harrod-Domar como una apuesta postkeynesiana donde la función de la inversión es la clave del proceso de desarrollo. En general, con la combinación de ahorro, inversión y ayuda extranjera un país puede generar niveles de crecimiento del PIB que garantizan pasar de ser un país subdesarrollado a uno desarrollado