domingo, 2 de diciembre de 2012

A propósito de la espacialidad de la pobreza


“¿Quién no sabe que el término ecología quiere decir, en sentido literal: teoría o discurso de la casa de los seres vivos? Del lugar, de la morada, del hábitat…en suma, lugares propicios y propios de los seres dotados de vida”
Michel Serres (Atlas)

El lugar, la morada que describe Michel Serres es el hogar, la casa, una disposición de elementos en el espacio que se privilegian en tanto la utilidad de las distancias, distribución topológica que adquiere diferentes formas con el mismo contenido, espacios producidos socialmente puesto que confluyen tanto las unidades materiales, físicas como los sentidos de lugar, significados singulares, únicos, asociados a significantes. ¿Qué pasa cuando hay más de uno en casa? Llega la alteridad, el otro que privilegia otras distancias, los mismos significantes le producen diferentes significados, el reconocimiento de la diferencia es la aceptación de la existencia de signos distintos usados como vehículos para expresar el mismo contenido; quiere decir, que una vez las ciencias sociales, comenzando por la antropología, acepta la diferencia cultural, aparece el conflicto como algo intrínseco a las relaciones humanas[1], en su condición de umbral, límite, frontera. Entonces, el espacio producido socialmente es un espacio de conflicto puesto que se construye a través de la diferencia, un sistema estructural en tanto la manera de combinar es la que produce los sentidos, pura realidad espacial. Ahora bien, pensar la espacialidad como un conjunto de contradicciones, al estilo marxista, supone la homologación del espacio a las relaciones de clase, supuesto de poca cautela a propósito de los desarrollos de Lefebvre y Soja, principalmente.

Con lo anterior vemos que, en efecto, como lo plantea Soja, la espacialidad (espacio producido socialmente) no se concibe fuera del la realidad del conflicto. Así, de cara a mostrar la pobreza como un asunto espacial y su despliegue en los dominios de la geografía humana, vamos a usar el andamiaje metodológico propuesto por Luis Berneth Peña (2008) pero tratando de interiorizar la crítica del párrafo anterior. Lo que conlleva a tomar como recursos el dominio sociedad naturaleza y los otros dos fusionarlos en una propuesta para pensar la pobreza como espacialidad.

Presos del determinismo económico (Sociedad-Naturaleza)
Si bien la preocupación por la pobreza ha sido una constante en el pensamiento económico que se puede rastrear desde antes de los clásicos de le economía como Smith, Ricardo, J.S Mill, y el mismo Marx, solo hasta después de la Segunda Guerra Mundial, con la creación de las organizaciones multilaterales y el programa para la reconstrucción de Europa y Japón (Plan Marshall)[2], es cuando se comienza a pensar en la pobreza como una forma de aproximarse a la medición del desarrollo de los países, en dicho contexto la pobreza es una forma enunciativa de menor escala que el desarrollo mismo, es decir, entendida como “carencia de” adquiere su condición global en forma del enunciado “desarrollo”, vinculado éste último, entre los años 50 a 70 con los niveles de crecimiento del PIB que lograba obtener un país. En plena batalla ideológica, una guerra colonizadora, se privilegian los modelos económicos de cara a un crecimiento económico fuerte vía dinamización de la inversión, aquellos países que no lograban mantener una tasa de ahorro suficiente para crecer anualmente entre el 5% y 7% eran considerados como atrasados[3]. La estructura económica interna determinaba la condición de pobreza/riqueza, aquellos países rurales, dependientes del agro, disperso, con escasa industria y servicios eran considerados como pobres y por tanto debían seguir un camino hacia la riqueza, estadios del desarrollo que premiaban la concentración, la industria y los servicios, una visión teleológica y colonial del desarrollo. Además, como lo argumentarían más tarde los trabajos en geografía económica, la concentración favorece las fuerzas dinámicas de la economía a través de reducción de costos y generación de externalidades positivas a la producción.

El mundo estaba viviendo la “época dorada del capitalismo” que colapsó en 1973 con la subida de los precios del petróleo provocada por la OPEP situación que terminó con las altas tasas de crecimiento mundial del PIB. Aunque antes del colapso mundial los ingresos per capita crecían anualmente al 3%, en dicho periodo la preocupación por los niveles de vida era evidente pues ante tal crecimiento, la calidad de vida continuaba invariante, con la crisis del petróleo se agudizó el debate. Lo que se constituía como desarrollo, puramente enunciado en su forma y sustancia es dignificado y le continúa una carrera por replicar la expresión como código determinista de la formación de los espacios de visibilibidad.

Al cambiar del escenario europeo, desilusionados por los resultados de los modelos de estadios del crecimiento y cambio estructural, la revolución de los 70 principalmente por América Latina en cabeza de la Cepal, bajo el pensamiento de Prebisch y Furtado, adoptan el  modelo centro-periferia. Los seguidores del movimiento argumentan el subdesarrollo como una condición intrínseca al capitalismo, donde coexisten ricos y pobres en un sistema internacional dominado por la relaciones de poder entre el centro (países desarrollos) y la periferia (países con bajos niveles de desarrollo –LDCs, por su siglas en inglés–) donde los primeros erigen su crecimiento a costa de los segundos y, los segundos, quedan relegados a ser dependientes y de bajo desarrollo. En la práctica, los países continuaron replicando la “aprendido” pero limitaron la relación, privilegio a la industria y los servicios pero sin “dependencia” de Estados Unido o Europa; exclusión del otro por considerar sus prácticas como coloniales y hegemónicas, expulsaron a los segundos que habitaban la casa, interiorizaron los problemas del desarrollo y la pobreza, sin llegar a reconocer la diferencia y la coexistencia en el espacio-tiempo, mucho menos el discurso per se del desarrollo. Solución fallida, un modelo de sustitución de importación que dinamizó la industria interna pero desestimulo el crecimiento efectivo por una producción en inventario con escasa competitividad, continuaba la etiqueta que ubicaba a dichos países en otros tiempos, tiempos precarios.

Mientras, políticos y economistas de los países de bajos ingresos eran cautivados por la idea de la dependencia y la revolución, surgía, en los años 80, la contrarrevolución neoclásica. Reivindicar el libre mercado y la política neoclásica lleva a los seguidores de la contrarrevolución a argumentar y a justificar las causas del subdesarrollo como un asunto interno a los países, muestran que los resultados en materia de pobreza son causados por la asignación de precios incorrectos los cuales se forman por la excesiva intervención del estado en los asuntos de mercado, su corrupción e ineficiencia; entonces, al eliminar la distorsión en los precios de los factores, productos y mercados financieros, la eficiencia económica y el crecimiento económico serán estimulados  (Todaro y Smith, 2006; 121). Esta visión recupera los planteamientos de Adam Smith del libre mercado y reivindica las posturas neoclásicas en el pensamiento del desarrollo, pues el discurso logra permear países como Chile, principalmente con la intervención del premio nobel Milton Friedman y el trabajo de los llamados “chicago boys” en la dictadura de Pinochet que plantearon reformas estructurales contrarias a las promulgadas por la CEPAL que logran corregir los problemas macroeconómicos del país; igualmente notoria, bajo una corriente neoclásica, fue la intervención simbólica del profesor Jeffrey Sachs en la economía boliviana para contener los problemas de la “inflación galopante” que destruía la economía local.

En general, las visiones clásicas del desarrollo muestran una alta dependencia conceptual con el crecimiento económico, es decir, es el PIB per cápita el centro del análisis. Análisis globales que se reducen a planteamientos macroeconómicos, modelos de oferta y demanda que corrigen problemas de precios en el mercado laboral, real y monetario. Persiste el descuido por el análisis local, las diferencias, el sistema de identidades y las prácticas sociales. Se privilegian los procesos que aporten a la estructura productiva del país, vía explotación de los recursos estratégicos e inserción a los mercados internacionales, una lógica de la acumulación del capital que genere beneficios a las empresas y por reducción se mejoren las condiciones de bienestar material (consumo) de la población.

La tradición clásica del desarrollo sufre un cambio en la focalización de los argumentos y la atención se desvía sobre la argumentación conceptual del desarrollo en lugar de privilegiar los resultados del crecimiento, muere la visión tradicional para dar paso a propuestas alternativas y/o complementarias. Entre las propuestas principales se encuentra el relatorio de Uppsala sobre el otro desarrollo publicado por Dag Hammarskjold Fundation en 1977, es la expresión de una nueva conceptualización del desarrollo en cooperación con organizaciones locales y no gubernamentales, privilegiando un desarrollo igualitario, endógeno, autónomo y ecológico (Hidalgo, 1998; 232). El énfasis se presenta en la satisfacción de las necesidades básicas materiales y no materiales de la población menos favorecidas de la sociedad; además, se inicia corrientes que construyen los enfoques como el etnodesarrollo, ecodesarrollo y desarrollo sostenible.

A la par de los modelos de contrarrevolución se postula como discurso la ecología en el campo de la economía dados las continuas afectaciones del ambiente y la destrucción ecosistémica de los espacios naturales. La crítica bien la resume el gráfico que presenta Ahmed Hussen (2004: 19) en su libro: “Principles of enviromental economics” donde refleja la relación entre la biosfera y la economía. Partes de la Biosfera como una extensión de recursos ambientales finitos y escasos que contiene el subsistema económico en interacción constante recibiendo recursos de la biosfera y devolviendo un producto, con frecuencia desperdicios y/o contaminación a la misma biosfera.

Diagrama 1. “Ecologically enlightened economic view. The biosphere is continuously energized by solar power. The human economy (comprising the activities in the inner circle) depends on inputs (throughput) and outputs (disposal of waste) to the biosphere. The biosphere is finite, as indicated by the outer circle”(Hussen, 2004: 19).


La crítica emerge al considerar la economía como un sistema abierto, desprovisto del contexto medioambiental, un sistema que busca la satisfacción de necesidades ilimitadas sin considerar los costos para la reproducción de la condiciones de vida similares o mejores para las generaciones futuras (sostenibilidad ambiental); bajo una visión simplista del proceso económico, la racionalidad del productor, dominado por servir al consumidor, olvida que la economía en su conjunto está alimentada por un sistema cerrado, limitado y finito, además que sus demandas al ambiente alteran los ecosistemas, los sistemas biológicos que soportan la vida. Entonces, la visión ecológica busca la comprensión de la interrelación entre los seres vivos y su hábitat, para el caso, los procesos económicos como una derivación de las acciones humanas y la alteración del territorio.

La inconsistencia que emerge entre la escasez de los recursos y los ilimitados deseos de producción, encuentra soluciones parciales en la formalización de impuestos directos, teoría de las externalidades que asigna derechos de propiedad y corrige los “fallos de mercado” vía intervención estatal. El debate aún se da en el plano político con pocas repercusiones en las expresiones de la pobreza y el desarrollo.

Pobreza como realidad espacial (sociedad-espacio y prácticas espaciales)
En lugar de realizar una recopilación sobre la teorías del la geografía económica y la llamada nueva geografía económica, me interesar plantear la pobreza como un asunto de la producción espacial.
Igualmente, me declaro, hasta el momento, alejado de la consideración marxista que plantea Harvey por el olvido de las críticas hechas a Marx, pero rescatando igualmente muchos de sus aportes metodológicos para pensar el espacio en términos de relaciones sociales. Entre los olvidos señalo, principalmente, la adopción de la teoría de capital humano en la producción y su subsiguiente incorporación al ciclo sistémico (Dinero-Mercancía-Dinero) que hace fluctuar la tendencia de la  composición orgánica de capital, en muchos casos, por largos periodos, una tasa de ganancia positiva. Otro olvido, el desmonte de la teoría valor-trabajo (soporte de toda la teoría marxista) por la teoría marginalista, tratada ésta última dos años después de la publicación del primer tomo del capital, por Menger, Walras y Jevons, pero invisibilizada hasta el surgimiento de la teoría neoclásica contemporánea. Otro sesgo de contexto, olvidar que los salarios se pagan de capital circulante y no de capital fijo y privilegiar el desmonte de la inversión en capital fijo aduciendo a discurso de la igualdad que en últimas termina minando el aumento del acervo de capital circulante y por tanto el aumento de los salarios.

La espacialidad de la pobreza

Los estudios de la pobreza convergen en considerarla como un fenómeno multidimensional. La calificación de aspectos como la comida, el vestido, la salud, la educación, las viviendas y los servicios públicos se convierten en los dispositivos visibles, prácticos que soportan las mediciones y aparecen como prioridad en los planes de la política pública; aún es incipiente la evaluación de las nociones cualitativas de la pobreza por la dificultad en los diseños de los instrumentos que representen el total de la población; por consiguiente no se avanza en analizar las percepciones. El enfoque multidimensional de la pobreza sugiere que la manifestación de la pobreza es la agregación de diferentes dimensiones que componen la vida de una persona, el ingreso es postulado como una condición necesaria en tanto medio para acceder a las funciones de la vida que valoran las personas.

En la mayoría de los casos, la pobreza es medida en términos absolutos y relativos. La primera, se enfoca en los niveles de consumo o ingreso mínimo que deben alcanzar las familias para sobrevivir. La segunda,  aluden a considerar la pobreza como un asunto social, puesto que las prácticas de consumo y las necesidades de la población dependen de las prácticas de consumo y las necesidades de los demás. Feres y Mancero (2001: 11) definen los enfoques así:

Mientras el primer enfoque (absoluto) sostiene que las necesidades –o al menos una parte de ellas– es independiente de la riqueza de los demás, y no satisfacerlas revela una condición de pobreza en cualquier contexto, el segundo plantea que las necesidades surgen a partir de la comparación con los demás, y la condición de pobreza depende del nivel general de riqueza”

Aunque se observe la preocupación de la pobreza como problema importante en la literatura económica, política y sociológica, principalmente, los esfuerzos por incorporar los sentidos de lugar y los análisis de las estructuras y las relaciones que dan lugar a las expresiones que se toman para evaluar la pobreza, no permean los discursos.  Al parecer las formas de naturalizar la pobreza para evaluarla se convierte en la traducción del discurso económico donde la pobreza es el resultado de la escasa capacidad de un país para producir riqueza y distribuirla con eficiencia. No se desconoce los avances teóricos de  economistas como Amartya Sen, que teoriza sobre el desarrollo expresado en la libertad para poder acceder a la vida que cada individuo valora como adecuada; no obstante, la intención es llamar la atención sobre el análisis espacial que queda oculto hasta en la misma teoría del Nobel.

Frente a los dominios evaluativos de la pobreza importante considerar la sugerencia de Haining (2004; 15): “The social and environmental sciences are observational not experimental sciences”. En efecto, interesa a las ciencias sociales significar las relaciones sociales, observar los comportamientos de los individuos en un tiempo espacio singular, puesto que las diferencias de lugar, espacio y tiempo abren la visión general de los procesos sociales. Las categorías de lugar y localización juegan un rol importante en el análisis social en cuanto dejan ver la variabilidad entre las unidades espaciales que comparten atributos y la disposición de dichas unidades en un sistema regional donde importa la distancia, interrelación, el contexto, la escala y la posición para explicar la variabilidad en los atributos de los lugares Haining (2004). 

Atender a las diferencias de lugar, espacio y tiempo, además de ampliar el panorama del análisis, sensibiliza al investigador para captar los sentidos de lugar, significar los espacios de pobreza expresados más allá de los cuerpos, en las interacciones sociales que conectan territorios, que escapan de los límites o encerramientos naturalizados para enunciar la pobreza (países pobres, regiones pobres, localidades pobres). Al respecto, la manifestación de la pobreza tiene talantes diferentes y coexisten con espacios otros que si bien no muestran la pobreza material, hacen parte de un sistema de huellas y relaciones que ayudan a explicar los espacios de pobreza/riqueza; es una forma escalar de comprender los espacios en cuanto los lugares locales extienden sus relaciones hasta los dominios internacionales, bajos diferentes estructuras y direcciones en las que se manifiesta el poder.

 Otro aspecto a favor de acentuar el significado de la diferencia cultural, es la importancia del lugar en la forma de cómo se construyen, imaginan, cuestionan e imponen en el territorio las expresiones de la pobreza. Se deduce que las personas viven la pobreza de formas diferentes, que los lugares y la disposición de los artefactos que integran el espacio geográfico difieren entre los territorios, que las inscripciones en el espacio, las significaciones y el simbolismo están cargadas de sentido, sentidos del lugar.

“No es el ocupante quien determina sus espacios, sino ellos quienes le determinan y preceden, le anuncian, le acompañan y le definen, proporcionando cuando es preciso un molde a sus vivencias o un contenido a su “campo perceptivo”” (Pardo, 1992: 19)

Bajo ésta línea, es el espaciotiempo la categoría crucial en el análisis de la producción y reproducir de la pobreza. Las características de los territorios, disposiciones del espacio geográfico, físicas y construidas, condicionan las representaciones del individuos al tiempo que les limita la libertad de acción; más allá de la vivienda como recurso físico o lugar de reproducción, también interesa la experiencia del ser con su hogar, su capacidad de ser y estar en ese espacio, cuando el espacio mismo es producto de las relaciones sociales. En éste sentido, las expresiones espaciales de la “compresión del espacio-tiempo” que alude Massey y que David Harvey ha trabajado más a fondo, tienen estructuras diferenciadas puesto que la experiencia con el espacio, las proximidades, lejanías, conexiones, prolongaciones y, en general las formas del lugar tienen manifestaciones  diferentes. Es más, en muchos casos, donde los niveles de pobreza son extremos, donde la primera y última pertenencia es el ropaje, “la última frontera donde descansa la esencia”, no existe compresión alguna del espacio-tiempo.
Son los desplazamientos y entrecruzamientos de los individuos en un territorio quienes cargan de significados las materialidades, convergen los espacios objetivos con los espacios de significación; los primeros, en cuando disponen de un sistema de dispositivos visibles, tangibles que organizar y jerarquizan los territorios, que se manifiestan como los contenedores de la pobreza para los planificadores; los segundos, agregan los sentidos de lugar, significaciones, vivencias singulares, las manifestaciones simbólicas.

Así, el análisis rompe los límites impuestos a los lugares como creaciones planificadoras y logra proponer un sentido global de los lugares, al considerar las relaciones asociadas a la pobreza que se extienden sobre el espacio. Un ejemplo particular que se ha tratado de incluir en los estudios de la pobreza es el capital social, entendido este último como todas las relaciones, normas y extensiones sociales que facilitan la acción colectiva para, por ejemplo, paliar los problemas de la pobreza. Aunque se introduce el argumento de las redes sociales y los mecanismos de extensión de las mismas, de nuevo el análisis del lugar queda al margen.

En síntesis, importa y mucho, la diferencia espacial en los análisis de la pobreza. Primero, la pobreza tienen expresión espacial por tanto debe reconocerse su naturaleza espacial; segundo, los lugares son un  constructo de relaciones sociales que se diferencian unos de otros por consiguiente la estructura de los espacios de pobreza serán diferentes en cada territorio y se extenderán a través del espacio puesto que los límites o restricciones a los espacios de pobreza no están cubiertos por una membrana sino que son función de las relaciones sociales escalares; tercero, los lugares están cargados de simbolismos y significaciones que forman el sentido del lugar, entonces, la pobreza igualmente tienen asociados sentidos de lugar que amplía aún más las diferencias espaciales.

Bibliografía
Peña, Luis Berneth (2008). Reflexiones sobre las concepciones de conflicto en la geografía humana. En: Cuadernos de geografía, revista colombiana de geografía, No 17, pp 89-115. Bogotá.
Feres, Juan Carlos y Mancero, Xavier (2001). Enfoques para la medición de la pobreza. Breve revisión de la literatura. CEPAL - SERIE Estudios estadísticos y prospectivos No 4. División de Estadística y Proyecciones Económicas. CEPAL

Goldin, Ian y Reinert, Kenneth(2006). Globalización para el desarrollo: comercio, financiación, ayuda, migración y políticas. Banco Mundial. Colombia, Planeta.

Harvey, David (1990/1998) La condición de la posmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural. Traducción de Martha Eguía. Buenos Aires: Amorrortu editores.

Haining, Robert (2004). Spatial Data Analysis: Theory and Practice. United Kingdom.  Cambridge University Press.

Hudson, Ray (2004). Conceptualizing economies and their geographies: spaces, flows and circuits. University of Durham, Department of Geography and International Centre for Regional Regeneration and Development Studies, Wolfson Research Institute, Durham DH1 3LE, UK. Progress in Human Geography 28,4 (2004) pp. 447–471

Hidalgo, Antonio Luis (1998). El pensamiento económico sobre el desarrollo: desde los mercantilistas hasta el Pnud. Universidad de Huelva.

Hussen, Ahmed (2004). Principles of environmental economics.Second edition.New York.published in the Taylor & Francis e-Library.

Nafziger, Wayne (2006). Economic Development.New York,Published in the United States of America by Cambridge University Press.
Massey, Doreen. A global sense of place.

Pardo, Jose Luis (1992). Las formas de la exterioridad. España, Pre-textos.


[1] Contrario a la visión de Comte, Durkheim, Parson que describen el conflicto como un mal de la sociedad. Pero donde cabe la acepción de Marx  al contraponer las clases sociales en el seno del trabajo, pero todo dentro de un proceso de relaciones sociales.
[2] Plan Marshall consistía en ayudas de Estados Unidos, daba asistencia técnica y económica a la destruida Europa con el fin de restituir el comercio internacional y el sistema financiero, meta que se logra y paralelamente, surge la preocupación por los países de Asia, América Latina y África como campo de investigación alternativo a los procesos de Occidente (Nafziger, 2006; 81).
[3] Los principales aportes llegan por  el norteamericano Walt Whitman Rostow, quien en 1960 publica la obra las etapas del crecimiento económico con el fin de dinamizar la teoría clásica de la producción; en la misma línea aparece el modelo Harrod-Domar como una apuesta postkeynesiana donde la función de la inversión es la clave del proceso de desarrollo. En general, con la combinación de ahorro, inversión y ayuda extranjera un país puede generar niveles de crecimiento del PIB que garantizan pasar de ser un país subdesarrollado a uno desarrollado

sábado, 25 de agosto de 2012

Concentración de la pobreza en Antioquia

Las relaciones espaciales de los indicadores tradicionales como el NBI dejan ver que nuestro departamento tiene una gran concentración de la pobreza y la no pobreza; es decir, tenemos municipio con altos índices de NBI que tienen como vecinos municipios con las mismas necesidades. Pero, también sucede lo contrario en el centro del departamento, áreas que son menos pobres que su periferias.

No se puede olvidar que la característica de los enfoques geográficos es mostrar la multiplicidad de relaciones que definen los territorios, con base en una configuración territorial, materia preexistente y otra construida por el hombre[1], importa la localización y la naturaleza de las relaciones sociales, en tanto concretan, delimitan y producen espacios sociales, las practicas espaciales, la interrelación del individuo en su contexto social, adquieren una connotación espacial; es decir, fenómenos sociales como la producción de bienes y servicios, la migración o el desplazamiento, las necesidades básicas insatisfechas, la cobertura de servicios públicos, tienen todos un tiempo espacio que define su expresión en el territorio, y ellos mismo crean territorios, además, en términos metodológicos, dichos procesos carecen de cualquier forma de independencia profesada en los modelos de corte transversal trabajados con frecuencia en la econometría. En tal razón, el análisis exploratorio de datos espaciales (AEDE) se convierte en el sustrato, la base inicial que entrega información valiosa a los investigadores para comprender la naturaleza del problema y su consecuente expresión espacial.


Miren el resultado para Antioquia con la variable NBI (2008)
Gráfico 1. Cluster de correlación espacial.

Una evidente concentración de la pobreza hacia las zonas de frontera y la "no pobreza" en el centro del departamento donde se ubica la capital, la ciudad de Medellín, y toda el área metropolitana del departamento. Se reproduce la macrocefalia profesada por los historiadores de Antioquia y se evidencia las externalidades tanto positivas como negativas que ejercen los territorios sobres sus vecinos más cercanos. La zona gris es no significativa, es decir municipios que no ingresan a los clusters porque aún no se define claramente su rol de pobreza de acuerdo a sus vecinos. 

Gráfico 2. Grado de significancia.




[1] De acuerdo con Miltos Santos (1996/2000; 54) “la configuración territorial está determinada por un conjunto formado por los sistemas naturales existentes en un país determinado o en un área dada y por los agregados que los hombres han sobrepuesto a esos sistemas naturales”

domingo, 29 de abril de 2012

Necesidad del lugar


En la economía se puede leer intentos por retomar el pensamiento de lugar, orquestados por la dinámica internacional de mercado global. En este sentido la importancia y existencia del lugar está generando un cambio en la política de desarrollo a nivel planetario, pasando de una sistema orientado hacia la oferta focalizado en el crecimiento económico, hacia un sistema orientado a la demanda de necesidades, donde las condiciones de los lugares son de suma importancia para lograr mejora la calidad de vida de la población que los habita; en la primera forma de desarrollo se privilegia la localización industrial y de servicios en zonas de potencial, una mirada puesta en las formas de crecimiento económico como mascara del desarrollo; en la segunda, aceptando las raíces institucionales y culturales de los procesos de desarrollo y, la necesidad de ajustar las estructuras económicas a los continuos retos que imponen los mercados globales, se discuten los modelos de desarrollo humano, desarrollo sostenible, desarrollo endógeno y desarrollo local (Vázquez, 2005, pp. 38-42). No obstante, el problema del lugar como un proceso de formación socio-espacio-temporal, está aún oculto en el debate teórico de la pobreza.

miércoles, 4 de abril de 2012

¿COMPENSAR EL COSTO DE PERDER LA LIBERTAD?


Los puntos de síntesis que suscitan el presente ensayo se enfocan en analizar el problema de las compensaciones asignadas a los propietarios de los monumentos patrimoniales. Por un lado, la mirada del desarrollo en el discurso conservacionista de un dispositivo visible que evoca la tradición y la memoria, en la ley 1185 del 2008 de Colombia, modificación de la ley de cultura, en su artículo 4to inciso a. dirá: con el propósito de que sirva de testimonio de la identidad cultural nacional, tanto en el presente como en el futuro”; por otro, el discurso de los derechos de propiedad como punto de referencia de un sistema de mercado y la garantía para el intercambio. Al final una tensión de poderes discursivos que encuentra solución en la planeación urbana, específicamente en los planes de ordenamiento territorial, como una prefijación del deber ser tipificado en la norma.

En el artículo 2 de la ley 388 de 1997, conocida como la ley de Ordenamiento Territorial, se encuentran los principios del ordenamiento del territorio: 1. La función social y ecológica de la propiedad, 2. La prevalencia el interés general sobre el particular, 3. La distribución equitativa de las carga y los beneficios. Con los principios enunciados se puede observar el poder normativo para eliminar los derechos de propiedad individual y, con dicha declaración, se también se evidencia una postura del desarrollo con enfoque colectivo y equitativo, que además propone ser orientado desde la planificación político-administrativa del territorio (artículo 5 de la misma ley). Dicho aspecto determina la forma de vivir en tanto direcciona el accionar de los intercambios libres y espontáneos hacía resultados de interés legislativo, una clara jerarquía de valores que se produce en la norma, en contraposición a la naturaleza espacio-temporal de los intereses sociales. El enfoque es la planificación central, al estilo de las economías planificadas, donde la figura del planificador ejerce el control del territorio para repartir derechos del ejercicio de la espacialidad. Surge la pregunta: ¿se encarga la ley de crear las  espacialidades? ¿Qué ordena la ley? Según la real academia de la lengua española la palabra orden tienen cinco entradas:

1. tr. Colocar de acuerdo con un plan o de modo conveniente.
2. tr. Mandar que se haga algo.
3. tr. Encaminar y dirigir a un fin.
4. tr. Rel. Conferir las órdenes sagradas.
5. prnl. Rel. Recibir las órdenes sagradas

Todas cinco postulan de base un fin, algo predefinido, preestablecido, ya sea órdenes divinas o construcciones discursivas de los mortales. Al parecer la sociedad se encuentra en caos desordenado y debe llegar la mano del ordenador para guiar su curso, entonces, ¿Cuál es el fin del Ordenamiento?, de nuevo, ¿Qué ordenar?

La norma faculta para restringir usos del suelo, priorizar estrategias de desarrollo competitivo, seleccionar áreas urbanas, áreas de expansión urbana y áreas rurales, dentro de las anteriores: áreas de fomento agrícola, áreas de desarrollo industrial, áreas de protección patrimonial, áreas de aptitud forestal. La ley 388 de 1997 cambia el escenario, no incauta el bien o lo expropia, solo limita su uso en el territorio, puesto que dicho uso depende de las políticas de desarrollo definidas administrativamente. Pero, el desarrollo, independiente del enfoque, no olvida las relaciones monetarias (ingresos y crecimiento económico) y, en esencia se define en la pautas de competitividad internacional (competir por el menor Índice de Desarrollo Humano es una de las muestras), las relaciones sociales aún pasan el embudo de planificador económico para buscar la funcionalidad del territorio. Sin embargo, las restricciones al mercado son evidentes, La norma define el uso, ocupación y manejo del suelo. Así, se pierde el ejercicio libre del derecho de propiedad sobre el suelo y, para completar, el artículo 332 de la constitución sentencia que el Estado es dueño del subsuelo y de los recursos renovables, ¿Cuál es el derecho de propiedad con el que cuentan los individuos para socializar? ¿Cuál es la autonomía y el reconocimiento del lugar? cuando los Planes de Ordenamiento Territorial municipales, deben ser coherente con la escala de observación de los planes de desarrollo departamental y nacional, que en muchos casos entra en tensión con las formas de apropiación de los lugares (memoria, sentidos de lugar, territorialidades y formas de ver el futuro (Piazzini, 2009, p.192)).
Lla ley 388 de 1997, ataca directamente la función del mercado de asignar libre y espontáneamente las propiedades, el papel de coordinador de los intercambios que comprometen el uso del suelo queda en manos del Estado bajo los principios de ordenador, descritos anteriormente. Ésta ley, en asocio con la ley 1185 del 2008, la modificación a la ley general de cultura, crean fuertes incoherencias prácticas en la vida cotidiana de los individuos, un intento por proteger el patrimonio cultural inmueble se convierte en deterioro de la calidad de vida de la población. En el mercado, las transacciones son posibles por la existencia de los derechos de propiedad sobre los bienes, en caso contrario no procede un mercado, su base de funcionamiento es el intercambio voluntario de cosas pero con la garantía institucional de reglas donde procede dicho intercambio.

Primero, el decreto 1337 de 2002 faculta a los municipios o distrito para definir los mecanismos de compensación[1] de terrenos o inmuebles calificados de conservación. Segundo, la ley 388 de 1997 en el artículo 48 estables que los propietarios de terrenos e inmuebles de bienes de interés cultural “deberán ser compensados por la carga derivada del ordenamiento, mediante la aplicación de compensaciones económicas, transferencias de derechos de construcción y desarrollo, beneficios y estímulos tributarios u otros sistemas que se reglamenten”. Tercero, en el artículo 11, inciso 1.3 del la ley 1185 se dicta: “…los Planes Especiales de Manejo y Protección –PEMP– relativos a bienes inmuebles deberán ser incorporados por las autoridades territoriales en sus respectivos planes de ordenamiento territorial”. Además, los bienes de interés nacional pueden ser sometidos a revisión del consejo de Patrimonio Cultura, en caso que el consejo de Patrimonio Cultural emita un concepto favorable sobre el bien de interés cultural, se dictará un plan especial de manejo y protección si éste se requiere (articulo 8 Procedimiento 4, ley 1185 del 2008).

Ahora veamos lo siguiente: el “propietario” de una casa estrato tres declarada de interés cultural incluida en el PEMP, como algunas que se encuentran en Prado-Centro de la ciudad de Medellín, recibe como compensación el no pago de impuesto predial y sí lo desea el “propietario”, puede bajar el estrato de la vivienda para ahorrar en servicios públicos, el primero elemento es una función positiva y evidente de la renta del individuo porque no tiene que desembolsar ese valor a la hora del pago, el segundo, no ha funcionado en Medellín puesto que la percepción del estrato bajo implica en el mercado una percepción menor del precio, eso es un costo que el propietario no asume puesto que quiere evitar que se desvalorice la casa aún más. Ahora bien, el impuesto predial es un valor trimestral que, para viviendas de estrato 3, llega a los $52.000.  Entonces, la compensación, para un vivienda de estrato 3, por no recibir los ingresos derivados de una construcción en el espacio aéreo (ley 1185 prohíbe la intervención), por ayudar al mantenimiento del bien bajo los parámetros que dicta el Plan de Manejo Patrimonial y por perder el valor comercial por la afectación directa del inmueble, llega a los $17.300 mensuales. Una clara violación no solo al principio rector de la ley 388 del 1997, a saber: La distribución equitativa de las cargas y los beneficios, sino a la realidad cotidiana del “propietario”, a su derecho de propiedad, si se quiere, a la justicia social.  Mientras, el principio de conservación que alude la ley tampoco se cumple, pues la casa no puede ser vendida a los precios de mercado, el valor comercial es no se traduce en el valor de compra inicial ajustado a los precios actuales (desvalorización), puesto que no se compra una inversión sino un gasto permanente, así el “propietario” no tiene incentivos para conservar el bien y claramente no van a funcionar porque no se da la garantía de los derechos de propiedad; por consiguiente, el escenario de expropiación voluntaria, abandono o venta obligada por la presión económica que implica la “propiedad” del bien es inminente.

 Es aquí donde vienen las preguntas con la supuesta coherencia de los planes de ordenamiento y las normas de conservación patrimonial que protegen monumentos pero aplastan la calidad de vida de las personas. Con el fin de ordenar la alteridad espacial violentan las prácticas sociales cotidianas. Entonces, ¿Es la planificación un instrumento correcto para la asignación de recursos y la creación de incentivos a la conservación? ¿Quién debe tener los derechos de propiedad sobre el patrimonio? ¿Cuáles son los valores de ordenación social que deben prevalecer en la sociedad? ¿Es el patrimonio un discurso polarizado por las estructuras de poder desarrollistas o una construcción socio-espacio-temporal?


[1] Sistema de ejecución de planes urbanísticos en virtud del cual los propietarios de terrenos de un mismo polígono asumen la gestión de dicha ejecución, repartiéndose los beneficios y las cargas de esta.

lunes, 5 de marzo de 2012

En control territorial: privación de capacidades y negocio rentable

Varias conversaciones con población que habita la comunas de Medellín estimulan mis siguientes comentarios. Si existe algún control en zonas de conflicto de Medellín, no es por parte del Estado. Comunas 1, 2, 3, 8, 9 13, Población que esta sometida a un control territorial por parte de delincuentes y no ven otra opción que vivir con la indignación que producen los hechos injustos y la incapacidad para detenerlos, más aún cuando ejercen su deber ciudadano de denunciar pero la justicia nunca llega. El siempre denunciado es el control de los espacios de circulación, delimitando lo que hemos denominado en la academia como barreras invisibles, que son una manifestación directa de la privación de la libre movilidad, so pena de perder la vida; enfrentamientos por controlar zonas productivas (plazas para la venta de estupefacientes) y lugares estratégicos de vigilancias social. 

Zonas que se convierten en un negocio rentable para la delincuencia, no por la innovación, sino por su estructura de cobro de "vacunas", una especie de impuesto, además regresivo, pero no se espera que los delincuentes discutan sobre la equidad, son para ellos "simples" cobros de dinero que le aplican a toda la población que habitan en "su" territorio. El Estado les permite cobrar, su ausencia lo confirma, funcionan como un monopolio de la seguridad que cobra semanal $2.000 pesos, a cada vivienda, por la vigilancia; los negocios o tiendas pagan más, no se diga de aquellos con tragamonedas; los transportadores igualmente pagan, cada bus hasta $60.000 por vigilancia y 30.000 por lavada (que no lavan), los taxistas (conductores) también pagan, hasta algunos profesores deben pagar por dictar su clase. Un forma de evitar denuncias   por los cobros de vacunas, es vender la boleta, cada semana aparece una rifa nueva, no interesa de qué, pero vale $1000 pesos, eso es lo que pagan quienes visitan la zona por sus diferentes trabajos y algunos otros residentes trabajadores, por extrañas razones, nunca se habla del ganador del premio.

Ahora, hagamos un cálculo simple, un ejemplo ilustrativo con la comuna 2. Según la Encuesta de Calidad de Vida de 2010, hay 29.922 viviendas, asumamos el pago semanal de los $2.000 pesos para el 70% de las viviendas, dejando el 30% como restricciones en la recolección del impuesto de guerra y otros percances; así, se tienen un ingreso semanal de $41.890.800 pesos, llevando esto al mes, son $167.563.200 pesos. Además, la misma encuesta nos dice que 2.489 viviendas tienen algún tipo de negocio, eso quiere decir que están sometidas a vacuna de, mínimo, $5000 pesos semanales; si multiplicamos los negocios por ese valor mínimo (con seguridad que es mayor el valor promedio), tenemos un ingreso mensual de $49.780.000 pesos. Hasta el momento llevan un ingreso mensual de $217.343.200 pesos, sin contar con los rubros, de gran importancia,  de los transportadores (bus y taxis, recuerden el valor de 90.000 por bus, el conductor del taxi paga $2.000 o más), tampoco contamos el de las famosas rifas, tampoco de los paga-diario y que decir de la rentabilidad de la venta de estupefacientes. Todas, formas de financiar la guerra y mantener la pobreza.

Indignación porque la población pobre carga no solo con los impuestos del Estado y los impuestos de la guerra, sino con las privaciones reales de poder llevar condiciones de vida dignas, formas de vida que valoran como adecuadas.



martes, 24 de enero de 2012

El lugar en la economía

La relación entre ambiente y desarrollo ha dejado de lado la preocupación por el lugar bajo el influjo de las corrientes de globalización. La libre movilidad del capital en forma de inversión y ayudas internacionales, la migración de personas, los flujos de conocimiento, y el comercio, son las formas de globalización del sistema capitalista en las cuales las discusiones sobre el lugar quedan asociadas a las escalas político administrativas, países frecuentemente (Goldin y Reinert, 2007). Para los fines de la producción de bienes y servicios, el lugar pierde sentido con la división internacional del trabajo, pues desaparecen los sellos de lugar en aras de buscar la rentabilidad del capital y entrar en el círculo privilegiado de la competencia internacional.
El premio nobel de economía, el profesor Milton Friedman (1912-2006), en uno de sus videos televisivos de los años 70 muestra como el proceso de producción de un lápiz se ubican en diferente partes del mundo y a través del libre mercado y lo él llama la “magia del sistema de precios” pues por medio éste se puede lograr acceder a un lápiz que agrega el tiempo de miles de personas que no se conocen, nunca se han visto, no hablan el mismo idioma, no tienen la misma religión, tienen costumbres diferentes, sus sistemas de identidades es tan diversa que podrían llegar a no comprenderse nunca. La mirada se hace sobre las mercancías y no en las personas y sus lugares, ese descuido lleva a la economía a considerar el espacio de manera cartesiana, como un contenedor de personas, infraestructuras y normas, un contenedor de demandas potenciales que deben ser cautivadas por las empresas, en la lógica del crecimiento económico.
La Economía al servicio de la libertad de los mercados es aprovechada en gran escala por el capital financiero para condenar los lugares a la dependencia de la inversión, el poder del lugar como una práctica construida social y culturalmente relega el puesto a una producción espacial orquestada por el capital, dominación ejercida por la necesidad de crecimiento económico de los territorios en un ambiente de competencia que lucha por los escasos recursos financieros que apalanquen la inversión territorial, motiven la producción y generen empleo. Bajo ésta línea solo importa la maximización de las ganancias o la minimización de los costos de producción, un claro enfoque del lado de la oferta.
Los resultados de la competencia frontal por recursos financieros, principalmente de inversión extranjera[1], lleva a los gobiernos a construir espacios funcionales a los mercados para garantizar su atracción, buscan planear ciudades que deben manejar en su slogan “competitivas” para mantenerse activas en el sistema económico internacional. El reto que sugiere (Gupta y Ferguson, 2008) es curar la miopía del accionar político y económico al servicio del capital que se quedan sin entender la producción de las diferencias culturales al interior de la localidad en contextos interconectados.
No se desconoce las afectaciones y cambios que los procesos de orden global han provocado en las formas de relacionamiento económico, cultural y político, para ello sigue siendo importante las miradas críticas al lugar que provienen de la antropología, geografía, comunicaciones y estudios culturales (Escobar, 2000, p.114). No obstante, la importancia y existencia del lugar está generando un cambio en la política de desarrollo a nivel planetario, pasando de una sistema orientado hacia la oferta focalizado en el crecimiento económico, hacia un sistema orientado a la demanda de necesidades, donde las condiciones de los lugares son de suma importancia para lograr mejora la calidad de vida de la población que los habita; en la primera forma de desarrollo se privilegia la localización industrial y de servicios en zonas de potencial, una mirada puesta en las formas de crecimiento económico como mascara del desarrollo; en la segunda, aceptando las raíces institucionales y culturales de los procesos de desarrollo y, la necesidad de ajustar las estructuras económicas a los continuos retos que imponen los mercados globales, se discuten los modelos de desarrollo humano, desarrollo sostenible, desarrollo endógeno y desarrollo local (Vázquez, 2005, pp. 38-42)[2].


[1]Según el informe de la Naciones Unidas en 2008 el monto acumulado de las inversiones extranjeras directas en los países en desarrollo asciende a la tercera parte de su Producto Interno Bruto. Argumenta el informe que es la principal fuente de financiación externa de los países en desarrollo.
[2] El enfoque de desarrollo endógeno, según Vazquez (2005, p.38): “prioriza las acciones de “abajo-arriba” en los proceso de desarrollo frente al enfoque de “arriba-abajo” que caracteriza las políticas tradicionales”. Vazquez no trata el concepto de “desarrollo local” en su libro, uso de lo “local” hace referencia a las iniciativa locales para jalonar el desarrollo; sin embargo, lo incluyó entre los modelos por las continuas asociaciones a las Agencias de Desarrollo Económico Local (Adels) y su promovido enfoque de desarrollo local, que en un plano riguroso sería el mismo desarrollo endógeno. Con apoyo de la OIT, UNDP, UNOPS, Cooperación Italiana, y la Unión Europea, las ADEL sirven como apoyo social y económico a los territorios a través de servicios de asistencia técnica, créditos de inversión, información y capacitación (Pnud/Unpos, 2002)

martes, 17 de enero de 2012

Desarrollo económico: enunciados y expresiones.

Acostumbrados estamos a hablar de desarrollo económico como si su carácter enunciativo llegara a traducirse en manifestaciones directas de los procesos reales que se siguen en el espacio. Dar como naturalizada dicha acción, distrae el análisis de las formaciones históricas, de las prácticas espaciotemporales, de las huellas que construyen territorio, en su defecto, concentra la función enunciativa en la perspectiva teleológica del progreso como sustancia del espacio, que, por el sólo hecho de decir, crea, no en un sentido de causalidad bidireccional sino en las alteraciones de las expresiones espaciales.
Ahora bien, el poder del enunciado como evocación de la percepción planificadora olvida la pregunta: ¿cuál es la esencia del desarrollo como forma de expresión?, una vez dada la respuesta, que de por sí es un reto, viene: ¿tiene dicha forma de expresión un significado tangible, isomorfo y materializado en el espacio?, los procesos, formas de contenido, instituciones, maquinarias y técnicas ¿cómo encajan en las forma de expresión, enunciados, palabras y frases? Para llegar a las respuestas aceptamos que el carácter clásico del cuerpo teórico económico es parte constitutiva de la teoría del desarrollo bajo la idea de lograr crecimiento económico expresado comúnmente en la cantidad de riqueza monetaria por persona, aspecto visible desde los trabajos de Adam Smith en finales del XVIII hasta finales del siglo XX donde el desarrollo emerge como ciencia y rompe la jerarquía del crecimiento monetario al considerar aspectos de oportunidades en funciones como la educación, la salud, el ambiente, la vivienda, la participación política, en general, en los asuntos relacionados con la “capacidad de funcionar” como lo llamara Amartya Sen.
No obstante, la aplicación práctica de los conceptos modernos distan de generar indicadores eficientes para la política pública, así continúa la linealidad clásica pues el andamiaje conceptual moderno aún no permea las prácticas espaciales, se reconoce, en el mismo tiempo, el hoy, formaciones estratificadas del saber del desarrollo, por un lado el giro de la modernidad al encontrar un espacio otro del desarrollo en coexistencia de la lógica del medible que obedece a esquemas utilitaristas lineales.
Entonces, fieles a la tradición clásica, aunque conscientes de la importancia de un desarrollo como libertad, los planificadores despliegan regímenes de enunciabilidad con instrumentos estadísticos, el poder del indicador, controlador de los procesos y las acciones que mantienen la naturaleza lineal de los enunciados económicos con afección directa en los horizontes de expectativa de los pueblos que los acogen como verdades eternas, esperanzas de ver lo que se dice, presos de un desarrollo por etapas, estadios que deben superar para lograr avanzar, la dicotomía del desarrollo/subdesarrollo; con sorpresa caen en la desilusión pues ningún espacio es el perfecto reflejo visible de lo decible. Bastara observar los manuales de economía para encontrar los procesos expresados en forma funcional, determinante con determinables, relaciones de causa-efectos bajo la modelación lógica, econométrica, fiel reflejo de los postulados neoclásicos y la corriente marginalista. Esclavos de la racionalidad microeconómica, imbuidos en el modelo samuelsoniano, los planes de desarrollo mantienen la teleología progresista. El ejercicio empírico que soporta dicha linealidad es la prevalencia de la postura mecánica en el análisis de los procesos sociales, en desmedro de la condición de estrato o ruptura; en general, las distribuciones espaciales, las configuraciones geográficas, las correlaciones espaciales son las herramientas del progreso, la representación de la distancia entre la meta y el punto de medición, una postura que no admite intersticio. Pero lo perverso no es el enunciado en su forma y sustancia sino la apuesta por replicar la expresión como código determinista de la formación de los espacios de visibilibidad.
El desarrollo como categoría económica cumple la función de enunciar, no obstante, las formas contenidos como las vías de comunicación, la infraestructura social, los imaginarios y los dispositivos institucionales están en el ámbito del desarrollo aunque no se confundan con este. Desarrollo, como significado, se construye fuera del régimen de lo visible, no está designando un orden de las cosas en el espacio, mucho menos el estado de las instituciones, características o funciones en el territorio. Desear el correlato de las formas enunciativas con las formas de contenido no es más que seguir la teleología económica del progreso, aquella ilusión donde existe una correspondencia entre el tiempo y la expresión en el espacio de las visibilidades, proyecciones de paisajes imaginados, enunciados que se encuentran en diferente esfera que las formas contenido. No se confunda el hablar del desarrollo con la expresión visible del desarrollo.
Un ejemplo de la sustancia del desarrollo es la productividad, ésta se expresa en función directa de la capacitación laboral, la construcción de infraestructura y la transferencia de recursos económicos a los menos favorecidos, así se configura como el core enunciativo de los planes de desarrollo económico de las regiones, es la sustancia enunciativa, forma que deviene de actores como los planificadores, quienes quieren y, en efecto lo hacen, configurar espacios concebidos que crean mutaciones en las formas del ver y del decir de la sociedad, en los planteamientos de Soja estamos frente a la alteración del espacio percibido por la imposición de una jerarquización de valores que vienen del espacio concebido del planificador. La configuración territorial como sistema de formas contenido y las relaciones sociales como sistema de acciones, definen un lugar de lo visible; mientras, el desarrollo y la productividad define un lugar de lo enunciable.
El problema deviene en el plan de desarrollo en tanto medio efectivo para ejercer el poder de los enunciados sobre las visibilidades. Como la evidencia sugiere, la función enunciativa, bajo la tesis de Foucault, es dominante, determinante, sin convertirse en función directa o correlato perfecto de lo visible, lo determinable. Como lo plantea Deleuze, la forma de contenido y la forma de expresión no son isomorfas, aunque se sugieren una en la otra, tampoco se pueden tratar como fractales, tienen una relación vista en los cuerpos que median, en la formación de estratos que reflejan las heterogeneidades de los sedimentos derivados de acciones y procesos históricos.

Ahora bien, el desarrollo es un enunciado que coexiste con un sistema de enunciados, al mismo tiempo que existe una configuración territorial con sus formas, redes e instituciones, ambos expresan la formación económica, los procesos históricos que dejan ver y leer las realidades económicas. Más allá de una interpretación racional, los procesos económicos en la historia son capas sedimentarias, formaciones espacio-temporales singulares de estratos que obedecen a los regímenes de lo visible y lo decible. El ser pobre es una conjunción de los regímenes de enuncibilidad de la pobreza y las formas de expresión de la misma, sin ser una suma, obedecen a condiciones históricas que se forman como especie de estratos en tensiones y rupturas, huellas o rastros en constante cambio situados en un tiempoespacio, no lineal, que logran expresar la pobreza

sábado, 14 de enero de 2012

LUGAR

Uno de los principales objetos de estudio de la geografía humana es el lugar, sin embargo, el uso intuitivo del término en la vida cotidiana llena de complejidad su tratamiento conceptual (Cresswell, 2004, p. 2). Con frecuencia se asocia el concepto de lugar a sitios que cargan con significados individuales o colectivos, la relación común a toda la gama de ejemplos de lugares que caben en el rango de posibilidades es la significación humana de dichos contextos, se trata de ubicaciones que son extremadamente significativas para quien las vive y las usa. Por tanto, la pluralidad de lugares emerge en diferentes escalas puesto que un lugar puede ser desde una habitación hasta un país entero. Dicho rango de posibilidades desenfoca el concepto y lo deja actuar en muchos casos, como si fuera un especie de comodín de la jerga espacial susceptible de ser usado para en cualquier contexto. Ese uso convencional del término implica una serie de retos en la definición del concepto para el uso práctico.

Desde Aristóteles hasta Heidegger, el lugar es un concepto importante por ser el punto para comprender las formas de la existencia puesto que todo lo que existe debe tener un lugar, un referente que permite dar sentido al “estar ahí” (Cresswell, 2009; Malpas, 2006). La vida se construye en el lugar, éste la codifica, la define, es a la vez significante y significado de la realidad social; en palabras de Michael Serres (1995, p. 42): “la vida reside, habita, mora, se aloja, no puede prescindir del lugar”. El lugar es dinámico, se encuentra en constante construcción puesto que es donde convergen relaciones culturales, económicas y políticas; muta, tanto por la tensión entre los actores que lo construyen como por la forma de relacionarse con otros lugares que se encuentran a su nivel o en diferentes escalas. El filósofo Yi-Fu Tuan (1977, p.5) en su libro “Space and place: the perspective of experience” para describir el concepto de lugar se apoya en la discusión que sostienen los físicos Bohr y Heisenberg cuando visitaban el castillo de Kronborg en Dinamarca:

“Isn’t it stranger how this castle changes as soon as one imagines that Hamlet lived here? As scientists we believe that castle consist only of stones, and admire the way the architect put them together. The stones, the green roof with its patina, the wood carvings in the church, constitute the whole castle. None of this should be changed by the fact that Hamlet lived here, and yet it is changed completely. Suddenly the walls and the ramparts speak a quite different language. The courtyard becomes an entire world, a dark corner reminds us of the darkness in the human soul, we hear Hamlet’s “To be or not to be.” Yet all we really know about Hamlet is that his name appears in a thirteenth-century chronicle. No one can prove that he really lived, let alone that he lived here. But everyone knows the questions Shakespeare had him ask, the human depth he was made to reveal, and so he, too, had to be found a place on earth, here in Kronberg. And once we know that, Kronberg becomes quite a different castle for us.”

La experiencia humana de usar y vivir un sitio da paso a la configuración del lugar, en el sentido común del término es una conexión entre la acción humana y una locación (Cresswell, 2004, p.2; Ethington and McDaniel, 2007, p.132; Malpas, 2006, p.5). La motivación a la acción y las realidades tangibles del mundo se entrecruzan para dar vida al lugar, es así como cada lugar es la mezcla de emociones, deseos, pensamientos y formas materiales naturales o construidas; en palabras de Massey (2004, p. 79): “cada lugar es un nodo abierto de relaciones, una articulación, un entramado de flujos, influencias, intercambios… la especificidad de cada lugar es el resultado de la mezcla distinta de todas las relaciones, prácticas, intercambios, etc. que se entrelazan dentro de este nodo y es producto también de lo que se desarrolle como resultado de este entrelazamiento”. El planteamiento de Massey no solo muestra la coexistencia de diversos acciones humanas sobre las locaciones (nodos), sino que lleva el concepto de lugar a la generalidad de lo global, pues argumenta que las relaciones sociales trascienden las esferas locales en tanto se conectan con sistemas de articulación planetaria, un caso particular sería pensar en la influencia del sistema económico global sobre las dinámicas y prácticas locales, la conexión es directa puesto que el resultado del esfuerzo económico local, de una ciudad, por ejemplo, se puede explicar por la historia de la ciudad, sus relaciones externas y las escalas de influencia de los bienes o servicios producidos/demandados.

Bibliografía

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Buttimer, Anne (Review) (1977). Place and Placelessness. by E. Relph. Annals of the Association of American Geographers, Vol. 67, No. 4 (Dec., 1977), pp. 622-624

Cresswell, T. (2009). Place. In R. Kitchin & N. Thrift (Eds.), International Encyclopedia of Human Geography (Vol. 8, pp. 169-177): Oxford: Elsevier.

Cresswell, T. (2004). Place: a short introduction. Blackwell Publishing. United Kingdom.

Duncan, James S. and Duncan, Nancy C. (2001). SENSE OF PLACE AS A POSITIONAL GOOD: Locating Bedford in Space and Time. En: Adams, Paul C; Hoelscher, Steven and Till E., Karen (Editors). Textures of place: exploring humanist Geographies. Minneapolis. University of Minnesota Press. London

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Haining, R. P. (2003). Spatial data analysis: theory and practice: Cambridge Univ Pr.

Jessop, B., Brenner, N. and Jones, M. (2008). Theorizing sociospatial relations. Enviroment and Planning: society and space. Volume 26. Pages 389-401

Johnston, R. J. (1991). A Place for Everything and Everything in Its Place. Transactions of the Institute of British Geographers, New Series, Vol. 16, No. 2 (1991), pp. 131-147. Blackwell Publishing on behalf of The Royal Geographical Society (with the Institute of British Geographers)

Malpas, Jeff (2006). Heidegger’s Topology: Being, Place, World. The MIT Press. London, England. Cambridge, Massachusetts.

Mercier, G. (2009). Vidal de la Blache, P. In R. Kitchin & N. Thrift (Eds.), International Encyclopedia of Human Geography (Vol. 8, pp. 147-150): Oxford: Elsevier.

Pardo, J. L. (1992). Las formas de la exterioridad: Pre-textos.

Sen, A. (2000a). Libertad y desarrollo (9 ed.). Bogotá: Editorial Planeta, S.A.

Sen, A. (1996). Capacidad y bienestar. In M. C. Nussbaum & A. Sen (Eds.), La calidad de vida (pp. 54-83). México: Fondo de cultura económica.

Serres, M. (1995). Atlas. Madrid: Cátedra.

Tilley, C. (1994). A phenomenology of landscape: places, paths and monuments.

Tuan, Yi-Fu (1997). Space and Place: the perspective of experience. Minneapolis. University of Minnesota press.

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lunes, 9 de enero de 2012

Critica a postulados de Harvey

Texto de Referencia: Harvey, D. 1990, Los límites del capitalismo y la teoría marxista, Fondo de Cultura Económica, México, D.F. (Capítulo XII: “Las crisis en la economía espacial del capitalismo. Dialéctica del imperialismo”)

Harvey, al comenzar proponiendo que la organización geográfica del capitalismo absorbe las contradicciones dentro la forma del valor, es olvidar la imprecisión de Marx al calcular el valor como resultado del “trabajo socialmente necesario” y reducir el trabajo calificado a trabajo simple, problemas que se hacen evidentes una vez se comprende teoría del capital humano de Becker y se analiza con cuidado el problema de la diferenciación de la renta (tratada inicialmente por David Ricardo y retomada por Marx en el tercer volumen del capital). Es importante señalar que dicha inconsistencia en el análisis marxista sesga los resultados soportados en la llamada “crisis de acumulación” que argumentan sus seguidores: la tendencia a la disminución de la tasa de ganancia que argumenta Marx, se soporta en la composición orgánica de capital que es la relación entre el trabajo y el capital, ahora bien, para que caiga la tasa de ganancia, como presupone la “crisis de acumulación”, la plusvalía debe permanecer constante, solo aumentaría en términos absolutos como ampliación de la jornada laboral; pero, qué pasaría si la tasa de plusvalía no tienen un comportamiento constante, es decir sí las innovaciones y educación de los trabajadores aumenten el numerador más que proporcional al denominador de la composición orgánica del capital, un derivación simple muestra que dicho comportamiento invalida toda pretensión de considerar una crisis capitalista por el solo hecho de acumulación de capital. No es extraño que Marx clasifique como “trabajo improductivo”, no generados de valor, al sector servicios pues el valor no está claramente especificado, no obstante el sector servicios es donde se concentran la mayor generación de valor agregado[1], es el principal generador de riqueza de las economías contemporáneas. Como anticipé, solo vamos en la primera página y eh agotado un 15% del espacio para el texto.

Continúa, el valor agregado medido en tiempo puede resultar ser idéntico en dos actividades que usan diferentes niveles de capital humano, no pasa con la contabilización de la producción bruta. En 1970, dos años después de la publicación del primer tomo del Capital, Walras, Jevons, Menger, los primeros exponentes de la teoría de la utilidad marginal argumentan que no es el trabajo el que genera la riqueza, el valor es una construcción subjetiva que dependen de la utilidad manifiesta del bien o servicio, en situación moderna es la idea de negoció la que crea valor mediante el uso de la tierra, el capital y el trabajo. El ejemplo más trivial, 10 vasos de agua en el desierto, aunque contengan el mismo valor trabajo, representan utilidades diferentes a quien los usa, asumiendo que el mismo individuo los consume, no representa la misma utilidad el primer vaso que el decimo y esto se puede observar en el uso que le hacen a los diferentes vasos de agua y la manifestación del placer en el individuo. Así, la utilidad marginal desarticula la estructura marxista al desmitificar la plusvalía.

Otro punto que no parece claro para los políticos y algunos geógrafos radicales, trasparente para J. Hicks, evocando la injusticia social, es que en la revolución industrial es normal que la diferencia entre ricos y pobres se amplíe, la naturaleza del capital cambia, pues la proporción de capital fijo crece exponencialmente a costa del capital circulante; entonces, en el corto plazo la diferencia entre las clases crece pero a costa de capital fijo, con las siguientes inversiones, el trabajo se vuelve más productivo, bajan los precios y los costos al tiempo que se sobrevive en un mercado competitivo; no obstante, en el largo plazo quienes han invertido en capital fijo a costa del capital circulante, recogen los frutos de la productividad que van a aumentar el capital circulante disponible y con esto los salarios, pues el empleado produce más y más barato, presión que lleva al empresario a subir los salarios. No lo hace por benevolencia, es la tasa de capitalización para aumentar el rendimiento del trabajo, son los equipos de capital los que aumentan el rendimiento y eso aumenta los salarios. Los países desarrollados tienen unas tasas de capitalización más alta que los países pobres, es por esos que los salarios son diferentes y es precisamente la tasa de capitalización aquella que sustenta las diferencias en los procesos productivos y posibilita la “revaluación masiva” (en contraposición de la “devaluación masiva”) de los territorios. Dado lo anterior debe cogerse con pinzas la afirmación de Harvey (p. 421): “la acumulación de capital y la miseria van de la mano, concentradas en el espacio”.

Las teorías de la aglomeración, dispersión del capital en el mundo es la consecuencia de las oportunidades que los empresarios buscan para mejorar sus rendimientos económicos al acercar sus ofertas a consumidores que pueden necesitar sus productos, no necesariamente una imposición capitalista. El tema de la “devaluación de los lugares” es confuso en la parte de la migración de los capitales de un lugar a otro puesto que la “alteración de la alianza local” por la movilidad del capital tiene un soporte netamente especulativo; mientras, los dispositivos fijos del instalados en el espacio no están dentro del dominio del capital especulativo, es soporte de inversión real que apoya los procesos productivos locales. No se olvide, además, que las teorías del comercio internacional, la ventajas comparativas de Ricardo que lejos de ser un juego de suma cero, como quiere hacerlas ver Harvey, es la garantía para aprovechar intercambios mutuamente beneficiosos para las regiones[2], en la misma línea, los modelos de Heckscher-Ohlin, entre los otros desarrollos neoclásicos para explicar las interrelaciones comerciales entren los países, las motivaciones de los lugares a producir e intercambiar, además de las diferencias entre regiones como participantes de los flujos de comercio y de capital. Ahora bien, adviértase que es diferente una competencia local, regional o nacional por recursos de capital que una relación de mercado, comercio a diferentes escalas, son dos esferas diferentes, que sí bien interactúan la una con la otra, homólogas, no debe correrse el riesgo de confundirlas en el análisis pues sus expresiones espaciales son diferentes.

Es innegable que los procesos sociales son espaciales, que la expresión de parte de las inversiones son los dispositivos que se instalan en el territorio con el fin de lograr articulaciones, cercanías, movimientos de capital. Pero algo para negar es la naturalización como aceptable, de aquellos procesos que lesionan la libertad de los mercados en aras de proteger “la coherencia de la alianza local” que plantea Harvey[3]. Al respecto, él ve la “alteración” como una manifestación tanto interna como externa de las fuerzas de mercado que guían los destinos del capital; dadas las consideraciones espaciales de las relaciones sociales, las luchas de clase adquieren nuevas formas, tensión permanente entre la inmovilidad de la fuerza laboral y la infraestructura social y las diversas formas de movilidad del capital, donde la principal es la movilidad financiera. Bien lo plantea Harvey al aseverar que las estructuras jerárquicas son un mal endémico que mantiene las tensiones local-global, al respecto, estaría de acuerdo en considerar que estructura de organización territorial impuesta por un Estado crea resultados caóticos e ineficientes para la población en su conjunto.



[1] Aquí no se hace alusión al valor como una expresión del “tiempo socialmente necesario” para producir una mercancía sino como expresión de la teoría de la utilidad marginal decreciente desarrollada por la escuela marginalista.

[2] Un ejemplo para Latino América es Chile, alcanzó durante éste año el puesto 10 de 179 países en el índice de libertad económica (un menor puestos significa mayor libertad relativa) y en el informe de Desarrollo Humano del 2009 se clasifica en los países desarrollo humano alto.

[3] Es precisamente en esa postura donde se observa el tratamiento indistinto de Harvey a las esferas de la competencia y la inversión.