martes, 24 de enero de 2012

El lugar en la economía

La relación entre ambiente y desarrollo ha dejado de lado la preocupación por el lugar bajo el influjo de las corrientes de globalización. La libre movilidad del capital en forma de inversión y ayudas internacionales, la migración de personas, los flujos de conocimiento, y el comercio, son las formas de globalización del sistema capitalista en las cuales las discusiones sobre el lugar quedan asociadas a las escalas político administrativas, países frecuentemente (Goldin y Reinert, 2007). Para los fines de la producción de bienes y servicios, el lugar pierde sentido con la división internacional del trabajo, pues desaparecen los sellos de lugar en aras de buscar la rentabilidad del capital y entrar en el círculo privilegiado de la competencia internacional.
El premio nobel de economía, el profesor Milton Friedman (1912-2006), en uno de sus videos televisivos de los años 70 muestra como el proceso de producción de un lápiz se ubican en diferente partes del mundo y a través del libre mercado y lo él llama la “magia del sistema de precios” pues por medio éste se puede lograr acceder a un lápiz que agrega el tiempo de miles de personas que no se conocen, nunca se han visto, no hablan el mismo idioma, no tienen la misma religión, tienen costumbres diferentes, sus sistemas de identidades es tan diversa que podrían llegar a no comprenderse nunca. La mirada se hace sobre las mercancías y no en las personas y sus lugares, ese descuido lleva a la economía a considerar el espacio de manera cartesiana, como un contenedor de personas, infraestructuras y normas, un contenedor de demandas potenciales que deben ser cautivadas por las empresas, en la lógica del crecimiento económico.
La Economía al servicio de la libertad de los mercados es aprovechada en gran escala por el capital financiero para condenar los lugares a la dependencia de la inversión, el poder del lugar como una práctica construida social y culturalmente relega el puesto a una producción espacial orquestada por el capital, dominación ejercida por la necesidad de crecimiento económico de los territorios en un ambiente de competencia que lucha por los escasos recursos financieros que apalanquen la inversión territorial, motiven la producción y generen empleo. Bajo ésta línea solo importa la maximización de las ganancias o la minimización de los costos de producción, un claro enfoque del lado de la oferta.
Los resultados de la competencia frontal por recursos financieros, principalmente de inversión extranjera[1], lleva a los gobiernos a construir espacios funcionales a los mercados para garantizar su atracción, buscan planear ciudades que deben manejar en su slogan “competitivas” para mantenerse activas en el sistema económico internacional. El reto que sugiere (Gupta y Ferguson, 2008) es curar la miopía del accionar político y económico al servicio del capital que se quedan sin entender la producción de las diferencias culturales al interior de la localidad en contextos interconectados.
No se desconoce las afectaciones y cambios que los procesos de orden global han provocado en las formas de relacionamiento económico, cultural y político, para ello sigue siendo importante las miradas críticas al lugar que provienen de la antropología, geografía, comunicaciones y estudios culturales (Escobar, 2000, p.114). No obstante, la importancia y existencia del lugar está generando un cambio en la política de desarrollo a nivel planetario, pasando de una sistema orientado hacia la oferta focalizado en el crecimiento económico, hacia un sistema orientado a la demanda de necesidades, donde las condiciones de los lugares son de suma importancia para lograr mejora la calidad de vida de la población que los habita; en la primera forma de desarrollo se privilegia la localización industrial y de servicios en zonas de potencial, una mirada puesta en las formas de crecimiento económico como mascara del desarrollo; en la segunda, aceptando las raíces institucionales y culturales de los procesos de desarrollo y, la necesidad de ajustar las estructuras económicas a los continuos retos que imponen los mercados globales, se discuten los modelos de desarrollo humano, desarrollo sostenible, desarrollo endógeno y desarrollo local (Vázquez, 2005, pp. 38-42)[2].


[1]Según el informe de la Naciones Unidas en 2008 el monto acumulado de las inversiones extranjeras directas en los países en desarrollo asciende a la tercera parte de su Producto Interno Bruto. Argumenta el informe que es la principal fuente de financiación externa de los países en desarrollo.
[2] El enfoque de desarrollo endógeno, según Vazquez (2005, p.38): “prioriza las acciones de “abajo-arriba” en los proceso de desarrollo frente al enfoque de “arriba-abajo” que caracteriza las políticas tradicionales”. Vazquez no trata el concepto de “desarrollo local” en su libro, uso de lo “local” hace referencia a las iniciativa locales para jalonar el desarrollo; sin embargo, lo incluyó entre los modelos por las continuas asociaciones a las Agencias de Desarrollo Económico Local (Adels) y su promovido enfoque de desarrollo local, que en un plano riguroso sería el mismo desarrollo endógeno. Con apoyo de la OIT, UNDP, UNOPS, Cooperación Italiana, y la Unión Europea, las ADEL sirven como apoyo social y económico a los territorios a través de servicios de asistencia técnica, créditos de inversión, información y capacitación (Pnud/Unpos, 2002)

martes, 17 de enero de 2012

Desarrollo económico: enunciados y expresiones.

Acostumbrados estamos a hablar de desarrollo económico como si su carácter enunciativo llegara a traducirse en manifestaciones directas de los procesos reales que se siguen en el espacio. Dar como naturalizada dicha acción, distrae el análisis de las formaciones históricas, de las prácticas espaciotemporales, de las huellas que construyen territorio, en su defecto, concentra la función enunciativa en la perspectiva teleológica del progreso como sustancia del espacio, que, por el sólo hecho de decir, crea, no en un sentido de causalidad bidireccional sino en las alteraciones de las expresiones espaciales.
Ahora bien, el poder del enunciado como evocación de la percepción planificadora olvida la pregunta: ¿cuál es la esencia del desarrollo como forma de expresión?, una vez dada la respuesta, que de por sí es un reto, viene: ¿tiene dicha forma de expresión un significado tangible, isomorfo y materializado en el espacio?, los procesos, formas de contenido, instituciones, maquinarias y técnicas ¿cómo encajan en las forma de expresión, enunciados, palabras y frases? Para llegar a las respuestas aceptamos que el carácter clásico del cuerpo teórico económico es parte constitutiva de la teoría del desarrollo bajo la idea de lograr crecimiento económico expresado comúnmente en la cantidad de riqueza monetaria por persona, aspecto visible desde los trabajos de Adam Smith en finales del XVIII hasta finales del siglo XX donde el desarrollo emerge como ciencia y rompe la jerarquía del crecimiento monetario al considerar aspectos de oportunidades en funciones como la educación, la salud, el ambiente, la vivienda, la participación política, en general, en los asuntos relacionados con la “capacidad de funcionar” como lo llamara Amartya Sen.
No obstante, la aplicación práctica de los conceptos modernos distan de generar indicadores eficientes para la política pública, así continúa la linealidad clásica pues el andamiaje conceptual moderno aún no permea las prácticas espaciales, se reconoce, en el mismo tiempo, el hoy, formaciones estratificadas del saber del desarrollo, por un lado el giro de la modernidad al encontrar un espacio otro del desarrollo en coexistencia de la lógica del medible que obedece a esquemas utilitaristas lineales.
Entonces, fieles a la tradición clásica, aunque conscientes de la importancia de un desarrollo como libertad, los planificadores despliegan regímenes de enunciabilidad con instrumentos estadísticos, el poder del indicador, controlador de los procesos y las acciones que mantienen la naturaleza lineal de los enunciados económicos con afección directa en los horizontes de expectativa de los pueblos que los acogen como verdades eternas, esperanzas de ver lo que se dice, presos de un desarrollo por etapas, estadios que deben superar para lograr avanzar, la dicotomía del desarrollo/subdesarrollo; con sorpresa caen en la desilusión pues ningún espacio es el perfecto reflejo visible de lo decible. Bastara observar los manuales de economía para encontrar los procesos expresados en forma funcional, determinante con determinables, relaciones de causa-efectos bajo la modelación lógica, econométrica, fiel reflejo de los postulados neoclásicos y la corriente marginalista. Esclavos de la racionalidad microeconómica, imbuidos en el modelo samuelsoniano, los planes de desarrollo mantienen la teleología progresista. El ejercicio empírico que soporta dicha linealidad es la prevalencia de la postura mecánica en el análisis de los procesos sociales, en desmedro de la condición de estrato o ruptura; en general, las distribuciones espaciales, las configuraciones geográficas, las correlaciones espaciales son las herramientas del progreso, la representación de la distancia entre la meta y el punto de medición, una postura que no admite intersticio. Pero lo perverso no es el enunciado en su forma y sustancia sino la apuesta por replicar la expresión como código determinista de la formación de los espacios de visibilibidad.
El desarrollo como categoría económica cumple la función de enunciar, no obstante, las formas contenidos como las vías de comunicación, la infraestructura social, los imaginarios y los dispositivos institucionales están en el ámbito del desarrollo aunque no se confundan con este. Desarrollo, como significado, se construye fuera del régimen de lo visible, no está designando un orden de las cosas en el espacio, mucho menos el estado de las instituciones, características o funciones en el territorio. Desear el correlato de las formas enunciativas con las formas de contenido no es más que seguir la teleología económica del progreso, aquella ilusión donde existe una correspondencia entre el tiempo y la expresión en el espacio de las visibilidades, proyecciones de paisajes imaginados, enunciados que se encuentran en diferente esfera que las formas contenido. No se confunda el hablar del desarrollo con la expresión visible del desarrollo.
Un ejemplo de la sustancia del desarrollo es la productividad, ésta se expresa en función directa de la capacitación laboral, la construcción de infraestructura y la transferencia de recursos económicos a los menos favorecidos, así se configura como el core enunciativo de los planes de desarrollo económico de las regiones, es la sustancia enunciativa, forma que deviene de actores como los planificadores, quienes quieren y, en efecto lo hacen, configurar espacios concebidos que crean mutaciones en las formas del ver y del decir de la sociedad, en los planteamientos de Soja estamos frente a la alteración del espacio percibido por la imposición de una jerarquización de valores que vienen del espacio concebido del planificador. La configuración territorial como sistema de formas contenido y las relaciones sociales como sistema de acciones, definen un lugar de lo visible; mientras, el desarrollo y la productividad define un lugar de lo enunciable.
El problema deviene en el plan de desarrollo en tanto medio efectivo para ejercer el poder de los enunciados sobre las visibilidades. Como la evidencia sugiere, la función enunciativa, bajo la tesis de Foucault, es dominante, determinante, sin convertirse en función directa o correlato perfecto de lo visible, lo determinable. Como lo plantea Deleuze, la forma de contenido y la forma de expresión no son isomorfas, aunque se sugieren una en la otra, tampoco se pueden tratar como fractales, tienen una relación vista en los cuerpos que median, en la formación de estratos que reflejan las heterogeneidades de los sedimentos derivados de acciones y procesos históricos.

Ahora bien, el desarrollo es un enunciado que coexiste con un sistema de enunciados, al mismo tiempo que existe una configuración territorial con sus formas, redes e instituciones, ambos expresan la formación económica, los procesos históricos que dejan ver y leer las realidades económicas. Más allá de una interpretación racional, los procesos económicos en la historia son capas sedimentarias, formaciones espacio-temporales singulares de estratos que obedecen a los regímenes de lo visible y lo decible. El ser pobre es una conjunción de los regímenes de enuncibilidad de la pobreza y las formas de expresión de la misma, sin ser una suma, obedecen a condiciones históricas que se forman como especie de estratos en tensiones y rupturas, huellas o rastros en constante cambio situados en un tiempoespacio, no lineal, que logran expresar la pobreza

sábado, 14 de enero de 2012

LUGAR

Uno de los principales objetos de estudio de la geografía humana es el lugar, sin embargo, el uso intuitivo del término en la vida cotidiana llena de complejidad su tratamiento conceptual (Cresswell, 2004, p. 2). Con frecuencia se asocia el concepto de lugar a sitios que cargan con significados individuales o colectivos, la relación común a toda la gama de ejemplos de lugares que caben en el rango de posibilidades es la significación humana de dichos contextos, se trata de ubicaciones que son extremadamente significativas para quien las vive y las usa. Por tanto, la pluralidad de lugares emerge en diferentes escalas puesto que un lugar puede ser desde una habitación hasta un país entero. Dicho rango de posibilidades desenfoca el concepto y lo deja actuar en muchos casos, como si fuera un especie de comodín de la jerga espacial susceptible de ser usado para en cualquier contexto. Ese uso convencional del término implica una serie de retos en la definición del concepto para el uso práctico.

Desde Aristóteles hasta Heidegger, el lugar es un concepto importante por ser el punto para comprender las formas de la existencia puesto que todo lo que existe debe tener un lugar, un referente que permite dar sentido al “estar ahí” (Cresswell, 2009; Malpas, 2006). La vida se construye en el lugar, éste la codifica, la define, es a la vez significante y significado de la realidad social; en palabras de Michael Serres (1995, p. 42): “la vida reside, habita, mora, se aloja, no puede prescindir del lugar”. El lugar es dinámico, se encuentra en constante construcción puesto que es donde convergen relaciones culturales, económicas y políticas; muta, tanto por la tensión entre los actores que lo construyen como por la forma de relacionarse con otros lugares que se encuentran a su nivel o en diferentes escalas. El filósofo Yi-Fu Tuan (1977, p.5) en su libro “Space and place: the perspective of experience” para describir el concepto de lugar se apoya en la discusión que sostienen los físicos Bohr y Heisenberg cuando visitaban el castillo de Kronborg en Dinamarca:

“Isn’t it stranger how this castle changes as soon as one imagines that Hamlet lived here? As scientists we believe that castle consist only of stones, and admire the way the architect put them together. The stones, the green roof with its patina, the wood carvings in the church, constitute the whole castle. None of this should be changed by the fact that Hamlet lived here, and yet it is changed completely. Suddenly the walls and the ramparts speak a quite different language. The courtyard becomes an entire world, a dark corner reminds us of the darkness in the human soul, we hear Hamlet’s “To be or not to be.” Yet all we really know about Hamlet is that his name appears in a thirteenth-century chronicle. No one can prove that he really lived, let alone that he lived here. But everyone knows the questions Shakespeare had him ask, the human depth he was made to reveal, and so he, too, had to be found a place on earth, here in Kronberg. And once we know that, Kronberg becomes quite a different castle for us.”

La experiencia humana de usar y vivir un sitio da paso a la configuración del lugar, en el sentido común del término es una conexión entre la acción humana y una locación (Cresswell, 2004, p.2; Ethington and McDaniel, 2007, p.132; Malpas, 2006, p.5). La motivación a la acción y las realidades tangibles del mundo se entrecruzan para dar vida al lugar, es así como cada lugar es la mezcla de emociones, deseos, pensamientos y formas materiales naturales o construidas; en palabras de Massey (2004, p. 79): “cada lugar es un nodo abierto de relaciones, una articulación, un entramado de flujos, influencias, intercambios… la especificidad de cada lugar es el resultado de la mezcla distinta de todas las relaciones, prácticas, intercambios, etc. que se entrelazan dentro de este nodo y es producto también de lo que se desarrolle como resultado de este entrelazamiento”. El planteamiento de Massey no solo muestra la coexistencia de diversos acciones humanas sobre las locaciones (nodos), sino que lleva el concepto de lugar a la generalidad de lo global, pues argumenta que las relaciones sociales trascienden las esferas locales en tanto se conectan con sistemas de articulación planetaria, un caso particular sería pensar en la influencia del sistema económico global sobre las dinámicas y prácticas locales, la conexión es directa puesto que el resultado del esfuerzo económico local, de una ciudad, por ejemplo, se puede explicar por la historia de la ciudad, sus relaciones externas y las escalas de influencia de los bienes o servicios producidos/demandados.

Bibliografía

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Buttimer, Anne (Review) (1977). Place and Placelessness. by E. Relph. Annals of the Association of American Geographers, Vol. 67, No. 4 (Dec., 1977), pp. 622-624

Cresswell, T. (2009). Place. In R. Kitchin & N. Thrift (Eds.), International Encyclopedia of Human Geography (Vol. 8, pp. 169-177): Oxford: Elsevier.

Cresswell, T. (2004). Place: a short introduction. Blackwell Publishing. United Kingdom.

Duncan, James S. and Duncan, Nancy C. (2001). SENSE OF PLACE AS A POSITIONAL GOOD: Locating Bedford in Space and Time. En: Adams, Paul C; Hoelscher, Steven and Till E., Karen (Editors). Textures of place: exploring humanist Geographies. Minneapolis. University of Minnesota Press. London

Gieryn, Thomas F. (2000). A Space for Place in Sociology. Annual Review of Sociology, Vol. 26 (2000), pp. 463-496

Haining, R. P. (2003). Spatial data analysis: theory and practice: Cambridge Univ Pr.

Jessop, B., Brenner, N. and Jones, M. (2008). Theorizing sociospatial relations. Enviroment and Planning: society and space. Volume 26. Pages 389-401

Johnston, R. J. (1991). A Place for Everything and Everything in Its Place. Transactions of the Institute of British Geographers, New Series, Vol. 16, No. 2 (1991), pp. 131-147. Blackwell Publishing on behalf of The Royal Geographical Society (with the Institute of British Geographers)

Malpas, Jeff (2006). Heidegger’s Topology: Being, Place, World. The MIT Press. London, England. Cambridge, Massachusetts.

Mercier, G. (2009). Vidal de la Blache, P. In R. Kitchin & N. Thrift (Eds.), International Encyclopedia of Human Geography (Vol. 8, pp. 147-150): Oxford: Elsevier.

Pardo, J. L. (1992). Las formas de la exterioridad: Pre-textos.

Sen, A. (2000a). Libertad y desarrollo (9 ed.). Bogotá: Editorial Planeta, S.A.

Sen, A. (1996). Capacidad y bienestar. In M. C. Nussbaum & A. Sen (Eds.), La calidad de vida (pp. 54-83). México: Fondo de cultura económica.

Serres, M. (1995). Atlas. Madrid: Cátedra.

Tilley, C. (1994). A phenomenology of landscape: places, paths and monuments.

Tuan, Yi-Fu (1997). Space and Place: the perspective of experience. Minneapolis. University of Minnesota press.

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lunes, 9 de enero de 2012

Critica a postulados de Harvey

Texto de Referencia: Harvey, D. 1990, Los límites del capitalismo y la teoría marxista, Fondo de Cultura Económica, México, D.F. (Capítulo XII: “Las crisis en la economía espacial del capitalismo. Dialéctica del imperialismo”)

Harvey, al comenzar proponiendo que la organización geográfica del capitalismo absorbe las contradicciones dentro la forma del valor, es olvidar la imprecisión de Marx al calcular el valor como resultado del “trabajo socialmente necesario” y reducir el trabajo calificado a trabajo simple, problemas que se hacen evidentes una vez se comprende teoría del capital humano de Becker y se analiza con cuidado el problema de la diferenciación de la renta (tratada inicialmente por David Ricardo y retomada por Marx en el tercer volumen del capital). Es importante señalar que dicha inconsistencia en el análisis marxista sesga los resultados soportados en la llamada “crisis de acumulación” que argumentan sus seguidores: la tendencia a la disminución de la tasa de ganancia que argumenta Marx, se soporta en la composición orgánica de capital que es la relación entre el trabajo y el capital, ahora bien, para que caiga la tasa de ganancia, como presupone la “crisis de acumulación”, la plusvalía debe permanecer constante, solo aumentaría en términos absolutos como ampliación de la jornada laboral; pero, qué pasaría si la tasa de plusvalía no tienen un comportamiento constante, es decir sí las innovaciones y educación de los trabajadores aumenten el numerador más que proporcional al denominador de la composición orgánica del capital, un derivación simple muestra que dicho comportamiento invalida toda pretensión de considerar una crisis capitalista por el solo hecho de acumulación de capital. No es extraño que Marx clasifique como “trabajo improductivo”, no generados de valor, al sector servicios pues el valor no está claramente especificado, no obstante el sector servicios es donde se concentran la mayor generación de valor agregado[1], es el principal generador de riqueza de las economías contemporáneas. Como anticipé, solo vamos en la primera página y eh agotado un 15% del espacio para el texto.

Continúa, el valor agregado medido en tiempo puede resultar ser idéntico en dos actividades que usan diferentes niveles de capital humano, no pasa con la contabilización de la producción bruta. En 1970, dos años después de la publicación del primer tomo del Capital, Walras, Jevons, Menger, los primeros exponentes de la teoría de la utilidad marginal argumentan que no es el trabajo el que genera la riqueza, el valor es una construcción subjetiva que dependen de la utilidad manifiesta del bien o servicio, en situación moderna es la idea de negoció la que crea valor mediante el uso de la tierra, el capital y el trabajo. El ejemplo más trivial, 10 vasos de agua en el desierto, aunque contengan el mismo valor trabajo, representan utilidades diferentes a quien los usa, asumiendo que el mismo individuo los consume, no representa la misma utilidad el primer vaso que el decimo y esto se puede observar en el uso que le hacen a los diferentes vasos de agua y la manifestación del placer en el individuo. Así, la utilidad marginal desarticula la estructura marxista al desmitificar la plusvalía.

Otro punto que no parece claro para los políticos y algunos geógrafos radicales, trasparente para J. Hicks, evocando la injusticia social, es que en la revolución industrial es normal que la diferencia entre ricos y pobres se amplíe, la naturaleza del capital cambia, pues la proporción de capital fijo crece exponencialmente a costa del capital circulante; entonces, en el corto plazo la diferencia entre las clases crece pero a costa de capital fijo, con las siguientes inversiones, el trabajo se vuelve más productivo, bajan los precios y los costos al tiempo que se sobrevive en un mercado competitivo; no obstante, en el largo plazo quienes han invertido en capital fijo a costa del capital circulante, recogen los frutos de la productividad que van a aumentar el capital circulante disponible y con esto los salarios, pues el empleado produce más y más barato, presión que lleva al empresario a subir los salarios. No lo hace por benevolencia, es la tasa de capitalización para aumentar el rendimiento del trabajo, son los equipos de capital los que aumentan el rendimiento y eso aumenta los salarios. Los países desarrollados tienen unas tasas de capitalización más alta que los países pobres, es por esos que los salarios son diferentes y es precisamente la tasa de capitalización aquella que sustenta las diferencias en los procesos productivos y posibilita la “revaluación masiva” (en contraposición de la “devaluación masiva”) de los territorios. Dado lo anterior debe cogerse con pinzas la afirmación de Harvey (p. 421): “la acumulación de capital y la miseria van de la mano, concentradas en el espacio”.

Las teorías de la aglomeración, dispersión del capital en el mundo es la consecuencia de las oportunidades que los empresarios buscan para mejorar sus rendimientos económicos al acercar sus ofertas a consumidores que pueden necesitar sus productos, no necesariamente una imposición capitalista. El tema de la “devaluación de los lugares” es confuso en la parte de la migración de los capitales de un lugar a otro puesto que la “alteración de la alianza local” por la movilidad del capital tiene un soporte netamente especulativo; mientras, los dispositivos fijos del instalados en el espacio no están dentro del dominio del capital especulativo, es soporte de inversión real que apoya los procesos productivos locales. No se olvide, además, que las teorías del comercio internacional, la ventajas comparativas de Ricardo que lejos de ser un juego de suma cero, como quiere hacerlas ver Harvey, es la garantía para aprovechar intercambios mutuamente beneficiosos para las regiones[2], en la misma línea, los modelos de Heckscher-Ohlin, entre los otros desarrollos neoclásicos para explicar las interrelaciones comerciales entren los países, las motivaciones de los lugares a producir e intercambiar, además de las diferencias entre regiones como participantes de los flujos de comercio y de capital. Ahora bien, adviértase que es diferente una competencia local, regional o nacional por recursos de capital que una relación de mercado, comercio a diferentes escalas, son dos esferas diferentes, que sí bien interactúan la una con la otra, homólogas, no debe correrse el riesgo de confundirlas en el análisis pues sus expresiones espaciales son diferentes.

Es innegable que los procesos sociales son espaciales, que la expresión de parte de las inversiones son los dispositivos que se instalan en el territorio con el fin de lograr articulaciones, cercanías, movimientos de capital. Pero algo para negar es la naturalización como aceptable, de aquellos procesos que lesionan la libertad de los mercados en aras de proteger “la coherencia de la alianza local” que plantea Harvey[3]. Al respecto, él ve la “alteración” como una manifestación tanto interna como externa de las fuerzas de mercado que guían los destinos del capital; dadas las consideraciones espaciales de las relaciones sociales, las luchas de clase adquieren nuevas formas, tensión permanente entre la inmovilidad de la fuerza laboral y la infraestructura social y las diversas formas de movilidad del capital, donde la principal es la movilidad financiera. Bien lo plantea Harvey al aseverar que las estructuras jerárquicas son un mal endémico que mantiene las tensiones local-global, al respecto, estaría de acuerdo en considerar que estructura de organización territorial impuesta por un Estado crea resultados caóticos e ineficientes para la población en su conjunto.



[1] Aquí no se hace alusión al valor como una expresión del “tiempo socialmente necesario” para producir una mercancía sino como expresión de la teoría de la utilidad marginal decreciente desarrollada por la escuela marginalista.

[2] Un ejemplo para Latino América es Chile, alcanzó durante éste año el puesto 10 de 179 países en el índice de libertad económica (un menor puestos significa mayor libertad relativa) y en el informe de Desarrollo Humano del 2009 se clasifica en los países desarrollo humano alto.

[3] Es precisamente en esa postura donde se observa el tratamiento indistinto de Harvey a las esferas de la competencia y la inversión.