lunes, 25 de octubre de 2010

Conocimiento en la diferencia colonial. Más allá de un bien público

Lecturas de referencia: Walter D. Mignolo. Geopolítica del conocimiento y diferencia colonial.

Pensar desde la diferencia colonial el llamado al sentido del lugar. No sería más pertinente la propuesta de Mignolo al abrir las puertas del conocimiento a los académicos de las ciencias sociales principalmente y a los afiliados políticamente en reacciones de derecha o izquierda, e invitarlos a pensar la diferencia colonial y la geopolítica del conocimiento. El punto de referencia es el sentido de lugar y las jerarquías que ordenan los países con relación a los mismos lugares de enunciación y su capacidad de permear los espacios otros por su racionalidad implícita, aunque dicha medición cargue con el sesgo de lugar de enunciación no explicita.

La argumentación es un despertar a la geopolítica oculta en el conocimiento. En tal sentido vale la pena retomar la propuesta de stiglitz sobre el conocimiento como bien público global en aras de esclarecer la funcionalidad del conocimiento importado o, si se quiere, las fronteras traslapadas de las diferencias coloniales en relación con el conocimiento.

Un bien público es de carácter no excluyente y no presenta rivalidad en el consumo. Al referirnos al conocimiento, la primera una restricción difícil de modificar y la segunda dada per se al conocimiento precisamente por su naturaleza no factual. Las exclusiones son de tipo legal, económica y, para algunos focos poblacionales, de capital humano acumulado. Siguiendo a Mignolo, el conocimiento siempre tienen un lugar de enunciación y hay localizaciones de los centros de producción de conocimiento; aceptando dicha premisa, el carácter de bien público se puede alcanzar relajando las restricciones, que de hecho es un imperativo para continuar con la jerarquización de los puntos de vista y ganar poder global, pero la funcionalidad del bien público en los diferentes lugares lograr generar resultados con matices diferenciados, característica que no debe descalificar la búsqueda por la libertad del conocimiento, sino la conciencia investigativa y practica de transformar los avances y adoptarlos a los contextos particulares; negar la historia de otros lugares en función de mantener al margen la episteme de la enunciación es invisibilizar el valor de la visión global.

Ahora bien, se exhorta el acceso al conocimiento y se desestima la fuga de cerebros, aquella que privilegia la enunciación y significados extranjeros para analizar los contextos reales. En la primera vía, la libertad de mercados de conocimiento logra postular jerarquías que devienen del volumen y el poder político otorgado a la difusión misma del conocimiento, puesto que no existe precio real sobre el “bien” sino que es una valoración subjetiva que adquiere y reproduce valor a medida que se difunde en el medio; así hablar de libertad de acceso al conocimiento debe llevar implícita la discusión de la distribución del conocimiento, la fuerza relativa de las hegemonías para acallar los lugares de enunciación otros y, más importante, el reconocimiento de la diferencia. En la segunda vía, se postula el llamado de atención sobre la academia en función de leer y comprender la geopolítica del conocimiento que se postula como una restricción a la libertad colonial.



lunes, 4 de octubre de 2010

El fin del espacio en la Nueva economía

La primera rama de la economía que se aproxima a los problemas espaciales es la geografía económica. A partir de una derivación de los fallos de mercado, las externalidades que suceden al considerar el espacio, desvían los resultados del modelo microeconómico. Así, se privilegian los clusters que motiven, por un lado, la especialización y la producción de materias primas para disminuir los costos (efecto de demanda alta de materias primas causa una causa la caída en los precios), por otro, la difusión de las ideas y la existencia de los efectos spillovers (Combes et al, 2008; 32).

Bajo el pretexto de conectar los mercados, en la geografía económica, el tratamiento del espacio se limita a la consideración de costos de transporte entre las ofertas y las demandas, importan las localizaciones que favorecen los mínimos costos de producción, conexiones a centros de recursos y de distribución. En ésta perspectiva se condenan territorios donde las condiciones físicas limiten el acercamiento entre los centros de producción y el consumo. Toda iniciativa de mejorar las condiciones territoriales se enmarca en una perspectiva funcional de la economía, equipamientos, infraestructura física social como las vías de comunicación, puertos, sistemas de transporte, que pretenden corregir el fallo de la completitud de los mercados. Es todo un sistema de materialidades que dominan el análisis económico y donde la cultura, los significados, representaciones y vivencias de la gente ingresan como constantes de control al modelo de asignación de los recursos de capital. El espacio, en ésta consideración, no es más que un recurso fijo, inmóvil que condiciona parte de los resultados económicos del país. La apuesta debe volcarse a la comprensión de las conexiones y flujos de personas y mercancías, a esos sentidos de lugar que entregan valoraciones diferentes a las formas territoriales, las instituciones y los mercados. Sin embargo, y sin llegar al tema, ahí habría algo bueno para proponerle a los contenidos de la Observación y el Trabajo de campo desde esa perspectiva.

Desde la teoría clásica de las ventajas comparativas de Ricardo y los modelos de comercio internacional que fundamentan el proceso de globalización se privilegian los lugares como sitios de producción, comercialización y consumo de productos, el espacio era la categoría física que contenía la capacidad productiva y reproductiva del capital; entonces, era común que todos los productos llevaran una identidad asociada al territorio donde se realizaba la totalidad del proceso de producción. Importaban los lugares en tanto se conectaban con eficiencia con el sistema de mercados internacionales. En los modelos clásicos las diferencias en la organización territorial y la geografía física eran la fuente de la diferencia comercial, la especialización en la producción en coexistencia con la disminución continua de los costos de transporte daba ventaja comercial y por tanto mayores niveles de Producto Interno Bruto (PIB) que se propone como una medida de la salud económica de la economía. Hasta este punto, principios de los años 70s, el mundo en términos económicos seguía asociando los productos con un lugar particular. El sesgo a localizar la producción de los bienes y servicios en espacios determinados cambió al llegar la Nueva Economía.

La Nueva Economía surge como resultado de las altas tasas de crecimiento, baja inflación y bajo desempleo que estuvieron presentes durante la época dorada del capitalismo 1950-1973 y los siguientes resultados derivados de la productividad de los computadores y tecnologías asociadas entre los 1970s y los 1990s. Además, trae consigo la división internacional del trabajo (especificar cómo se entiende el espacio en la división internacional del trabajo) que buscan la rentabilidad del capital en contextos discontinuos con jerarquías de poder. Pero la Nueva Economía, como argumenta Ron (2007; 19): no se limita a los sectores de las nuevas tecnologías, se refiere a los nuevos tendencias basadas en las tecnologías de la información que transforman la vida económica y social de la población.

Así, la Nueva Economía escapa al problema de reconocer las culturas con un lugar específico, problema planteado en (Gupta y Ferguson, 2008) para el caso de la antropología. La fuente por la cual se acepta el escape de la economía del problema es la transición de los sistemas tradicionales de producción en masa a producción flexible focalizada que privilegia la diferencia para permanecer en los mercados, estructuras de mercado de competencia monopolística dispersa alrededor de todo el mundo para satisfacer nichos de mercados emergentes y situados, también, en diferentes partes del mundo. (No entiendo la idea) Un ejemplo comercial lo sugiere Canclini (1995) en la industria de cine y televisión de consumo internacional, en la cual, se afilian diferentes sentidos de lugar personificados en los actores con el fin de cultivar las demandas de un mayor número posible de personas. La estrategia de talante comercial para el mundo global tiene una representación en los contextos locales, la misma glocalidad que plantea Boisier.

Particularmente países como Estados Unidos e India[1] donde la multiculturalidad es la confirmación de las practicas espaciales, la industria en toda su extensión se ha reinventado para cumplir sus objetivos de rentabilidad. (y esto que tiene que ver con lo que sigue?) Algunos autores citados por Ron (2007) llaman la Nueva Economía como la era del “capitalismo cultural” o “capitalismo creativo”, se suma Castells (2002) que la llama “Era de la información”, todas obedecen a considerar el capital conocimiento como la esencia, donde toma prelación los sectores de servicios culturales y creativos al servicio de consumidores informados y exigentes situados en contextos locales conectados globalmente.

Ahora, si bien la Nueva Economía revoluciona la connotación de la diferencia cultural (explicar, argumentar porque no se entiende la revolución), también se puede leer el logro como una estrategia discursiva para llevar las sociedades a espacios de representación hegemónicos de una aldea global, promoviendo la homogeneidad de los espacios por las redes de comunicación y las tecnologías informáticas dominadas por las grandes potencias mundiales. La Nueva Economía se promueve por las políticas Neoliberales en contraposición de la Keynesiana; el lugar de enunciación del nuevo sistema es Estados Unidos a través de sus políticos y funcionarios públicos: en enero del 2001 el “Economic Report President Clinton and the Council of Economic Advisors (CEA)” presenta la creación de la Nueva Economía como resultado de la transformación económica y Alan Greespan, anterior director general de la reserva federal, provocó controversia a finales de los 90s al argumentar sobre el “milagro de la productividad” en Estados Unidos por el uso de los computadores (Ron, 2007; 18), Castells (2002) la ubica en los años 70 en California Estados Unidos.

La Nueva Economía aunque distingue la diferencia cultural en función de la rentabilidad empresarial, aún se queda sin entender la producción de las diferencias al interior de la localidad en contextos interconectados, reto que sugiere (Gupta y Ferguson, 2008:); al contrario, plantea un sistema donde el espacio desaparece pues sigue viendo el concepto como una extensión de mercados potenciales.



[1] Ver en el libro “Identidad y violencia: la ilusión del destino” De Amartya Sen (2001) donde se hacen explicitas las grandes diferencias culturales al interior de la India y donde el autor condena la homogeneidad cultural asociada a las filiaciones territoriales, religiosas y políticas en contextos donde predomina la multiculturalidad. Libro que sale en respuestas crítica a la tendencia mediática y política de satanizar la procedencia territorial de la población con características inmutables y expandibles seudocientíficamente al total de la población.

viernes, 12 de marzo de 2010

Posturas metodológicas de las espacialidades

El reclamo constante de Lefebvre por entender la naturaleza de las relaciones sociales en el espacio, no elude la crítica del primado del tiempo y el uso de la categoría espacio entre el pensamiento filosófico clasico. En coherencia con el debate epistemológico planteado por Soja y Pardo, en discusión anterior, Lefebvre muestra que el reduccionismo, aunque no es categoría que utiliza, forma parte integral de los teóricos del espacio, de nuevo aparece: la “res extensa” devant la “res cogitans” sin embargo, es enfático en aseverar como las reflexiones epistemológicas-filosóficas no han dado eje a lo que pretende con su discurso: “una ciencia del espacio”; aquí, igualmente advierte Foucault (1967) sobre la historia del concepto de espacio, aunque no la polemiza. Anoto un punto interesante, atrevernos a llamar ciencia del espacio a la construcción argumentativa de postulados teóricos y la crítica del abismo entre los términos: lo físico, lo mental y lo espacial, ¿es acaso, una demostración propositiva suficiente para llegar al espacio como verdad o, a la verdad del espacio como construcción social?

Bien hace Foucault (1967) en reconocer que la discusión no se cierra a la visión “neo o meta-marxista” de Lefebvre y su discípulo Soja. En el siglo XIX el espacio gana terreno en las discusiones científicas:
“The nineteenth century found its essential mythological resources in the second principle of thermaldynamics- The present epoch will perhaps be above all the epoch of space” (el resaltado es mio)

No obstante, aunque Lefebvre advierte el peligro de alinear las energías sociales sobre las energías físicas, los campos de las fuerzas llamadas humanas sobre los campos de las fuerzas físicas, me permitiré enfocar el punto, con la certeza de acatar el peligro, pero con el ánimo de aclarar la naturaleza del argumento. Por un lado, no existe la simpleza mecánica en los fenómenos irreversibles que estudia la física con su concepto de entropía, más allá de una proyección vectorial de lo social, económico, político y cultural sobre un terreno, como el reconocimiento de la práctica espacial, las ciencias duras como la física en su lenguaje común de energía, espacio y tiempo, a mi juicio, distan de separar el análisis de las categorías mencionadas, pues una energía o fuerza adquieren sentido por sus efectos en el espacio, un espacio aislado es una realidad vacía, las fuerzas y energías (producción, reproducción) desarrolladas en el espacio, sustentan la realidad del espacio. Los fenómenos químicos y biológicos considerados irreversibles (la primera implicación de la premisa: “l’espace (social) est un produit (social)”) y probabilísticos pueden ser un foco de referencia. Desde este punto de vista la crítica debe interiorizarse.

Por otro lado, vale advertir la separación del análisis entre las ciencias naturales y las ciencias sociales. La “trialéctica espacial” de Soja (1996), la construcción de la “teoría que necesitamos del espacio”, expresada por Lefebvre, las heterotopías de Foulcault, no pueden constituirse baja el enfoque de una visión física, una extensión de los métodos extrapolados al campo de lo social. Evitar el mismo pecado que ha cometido la economía con la física clásica Newtoniana al retomar conceptos como, por ejemplo: elasticidad y equilibrio para modelar comportamientos de la naturaleza humana. El elemento principal, que limita la integralidad de los campos del saber es lo práctico sensorial (espacio social) en contraposición a lo lógico matemático.

Así, el desarrollo teórico de Lefebvre con sus implicaciones de la premisa del la producción social del espacio, poniendo en escena la practica social (l’espace perçu), las representaciones del espacio (l’espace conçu) y los espacios de representación (l’espace vécu) abre las puertas a Soja (1996) para continuar con el pensamiento sobre el espacio, proponer rutas de análisis en representaciones gráficas, extensiones sobre las implicaciones de Lefebvre (influencias capitalistas, naturalezas de los tres espacios), modernización del discurso (Expresa Soja: los SIG ahora cuentan con una teoría del espacio). Mientras que Foulcault, con base en las heterotopias, los emplazamientos en los lugares reales, aporta una forma novedosa de comprender las conexiones de la producción social del espacio. Retomando a Soja (1996), quedamos invitados a una construcción de la epistemología del espacio (triespacio) abierta y libre de explorar nuevos lugares.

Entre todo lo anterior, son dos puntos que me quedan pero “no tengo espacio” y pueden ser motivo de discusión en el curso: 1. El surrealismo, 2. El poder. El primero, como una extensión al campo de la literatura de las visiones del análisis espacial, pues recoge la visión holístico del espacio (lo descifra), la reacción ante la hegemonía y la ironía frente a la racionalidad mecánica; en casos particulares, el Alhep de Borges para Soja, L’Amour fou de André Breton para Lefebvre. El segundo, trasversal a todos los textos propuestos, con énfasis en el conocimiento, como afectación y en casos más extremos la dominación de la producción del espacio.
Lecturas de referencia:
Foucault, Michel (1967) “Of other spaces”. Conferencia dictada en el Cercle des études architecturals el 14 de marzo de 1967. Publicada originalmente en: Architecture, Mouvement, Continuité, No. 5, octubre de 1984. Versión traducida al inglés por Jay Miskowiec en: http://foucault.info/documents/heteroTopia/foucault.heteroTopia.en.html. Junio de 2004

Lefebvre, Henry (1974/1991) The production of space. Cambridge: Blackwell. Leer Capítulo 1. “Plan of the present work”, páginas 1-67. Hay versión francesa: La production de l'espace. Paris : Anthropos, 1974.

Soja, Edward (1996) Thirdspace. Journeys to Los Angeles and Other Real-and-imagined Places. Malde-Oxford-Victoria: Blackwell Publishing. Leer capítulos 1 y 2, páginas 26-82.

El lugar de las ciencias sobre el espacio


La preocupación por el espacio se presenta a través de una interpretación de los orígenes de lo espacial como fenómeno de menor jerarquía a lo histórico. Es el mismo enfoque del primado del tiempo discutido en las lecturas de Hegel y Nietzsche. Justificación que argumenta Pardo (1992) en la división ontológica de “res extensas” delante de “res cogitans”, donde muestra como el primado del tiempo es una derivación de la epistemología de la metafísica, como resultado se privilegia la interioridad, en tanto lo exterior es cuerpo, es espacio. Surge, igualmente, una preocupación por el poder de las categorías para direccionar los discursos (desde la perspectiva de Foucault), imposición que se llama al orden para construir, de nuevo, e insistentemente lo trabaja Soja (1989/1994), una dialéctica entre historia-geografía en planos equilibrados de relación. No obstante, el neo-estructuralismo que surge bajo las tensiones de los sistemas de producción y reproducción social postula el propósito de Soja, usando una categoría del economista Schumpeter, es una “destrucción creativa” dialéctica de la narrativa histórica afirmando la perspectiva espacial en el análisis social (tiempo-espacio-ser social).

En términos metodológicos, Soja (1989/1994) pretende reivindicar el materialismo histórico como herramienta metodológica para comprender las relaciones sociales (relaciones espaciales para Lefebvre), sin querer conquistar la historia con un discurso geográfico para realzar el tema del espacio, la búsqueda es una dialéctica del espacio que considere y equilibre historicidad y espacialiadad; un llamado a construir no una historia sino la construcción social de espacios, geográficas humanas que conecten al mundo con la existencia del espacio. Por su parte, Pardo (1992) Desarrolla los orígenes y tensiones del espacio/tiempo como categorías e instrumentos metodológicos para entender los fenómenos y contradicciones reales; pasando por la mecánica de Leibniz, las críticas de Hume sobre las ideas y el empirismo como caminos válidos para conocer, la dialéctica del Espíritu de Hegel (espacio: “el ser fuera de sí mismo”), la racionalidad de Kant al supeditar el conocimiento válido en la experiencia en espacio y tiempo (elementos que determinan la posibilidad del conocimiento humano verdadero), la fenomenología de Hurssel y su discípulo Heidegger; el discurso se desarrolla en consideración de la filosofía Griega de encontrar la verdad en el alma (interioridad) no en el mundo (exterioridad). Así mismo, incita a considerar la subjetividad del espacio pero haciendo hincapié en considerar las categorías espacio y tiempo subsumidas en la “afectación”, ésta último con una historia y determinante el pensamiento (“lo pensado tienen como referencia último lo sentido”).

Ambos autores discurren entre las construcciones epistemológicas de la primacía del tiempo sobre el espacio; no obstante, la consideración de lo sensible, lo exterior, lo espacial, lo geográfico, la praxis, la acción humana como fuerza cambiante del mundo, se constituyen en elementos centrales para postular la reorientación de la filosofía moderna y la producción social del espacio. Ahora bien, los neo-marxista o meta-marxistas (como describe Soja a Lefebrvre), evitan tratar temas como la disipación, irreversibilidad, postulados que emergen de la segunda ley de la termodinámica[2] y, particularmente la entropía[3], trabajos que valieron el Nobel al profesor Ilya Prigogine (1917-2003) teoría que mantiene la primacía del tiempo y el “fin de lo cierto” para dar paso a las incetidumbres en los procesos, donde el tiempo se recompone como algo dinámico, continuo y receptivo de las diferencias cualitativas, tiempo que se descubre por la complejidad.

Al parecer las ciencias siguen trazando fronteras que excluyen las demás posturas puesto que las unas descansan en la eliminación de los argumentos fundamentales de las otras. Los procesos físicos, químicos y biológicos, ubican al tiempo como rey; los procesos sociales, un materialismo dialéctico social que equilibra la relación espacio-tiempo, aunque en ocasiones el discurso se ubica como la primacía del espacio. Tal vez, asistimos a fundamentar el espacio como forma explicativa de los fenómenos que cauda el tiempo. Aclarar las fronteras, o al menos, el proceso de difuminación, desde el punto de vista teórico, metodológico y práctico ilumina el camino del enfoque socio-espacial.


[2] Esta ley regula la dirección en la que deben llevarse a cabo los procesos termodinámicos y, por lo tanto, la imposibilidad de que ocurran en el sentido contrario
[3] entropía describe lo irreversible de los sistemas termodinámicos.
Lectura de referencia: Pardo, José Luis (1992) Las formas de la exterioridad. Valencia: Pre-textos. Leer “Introducción: el espacio del pensamiento” y “I. Afuera en la naturaleza”, apartes 1 y 2”, páginas 10-92. Soja, Edward (1989/1994) Postmodern geographies: the reassertion of space in critical social theory. Londres/Nueva York: Verso. Leer capítulos 1 a 5, páginas 10-137.

miércoles, 3 de febrero de 2010

El curioso caso de Marcial, Leornad and Benjamin

Para reflexionar sobre el papel del espacio en al cotidianidad y la deconstrucción de las materialidades como un proceso de involución recreado en el cuento del celebré escrito cubano Alejo Carpentier "Viaje a la Semilla" haré alusión a dos ejemplos del cine comercial con el fin de proponer conjeturas sobre la relevancia del espacio-tiempo y su creación de identidades. La primera, maravillosamente engañadora de los sentidos, y con mayor acercameinto al cuento de Carpentier, "Memento" escrita y dirigida por Chistopher Nolan en el año 2000 y merecedora a dos nominaciones a los oscar (http://www.imdb.com/title/tt0209144/) . La segunda, interesantes y seductora, "El curioso caso de Bejamin Button" escrita por Eric Roth y dirigida por David Finccher en el año 2008 y ganadora de 3 Oscar entre los 31 premios ganados en 71 nominaciones del septimo arte en diferentes eventos.

Sobre el espacio como escenografía de realidades
Carpentier nos regala un casa como materialidad que esta plagada de significados, en tanto la interacción humna y la cotidianidad misma involucra acciones donde estan presentes los jardines, cornisas, bigas, pisos, escaleras, puertas, techo, cielo raso, estatatua, enceres, y todo lo material que conforma la casa y son el escenario del las rupturas espaciales que recorre el autor al recrear la deconstrucción del sujeto, sus interacciones, realidades, su vida. Leonard, personaje de Memeto, envuelto en una confusión y enfermeda, no fruto de la reflexión provacada como en el caso de Marcial, suscribe su vida en lugares particulares que recuerda a través de fotografías, además usa su cuerpo para mantener una conexión con su tiempo-espacio y objetivo de vida. Benjamin, por su parte, un personaje que ve y siente como su cuerpo sufre un crecimiento en sentido inverso, nace viejo y muere bebe y desarrolla su vida en espacios que construye en su interacción diaria con la sociedad, espacio y recuerdos que no se olvidan mientras sucede la involución, solo al caer como niño empieza a perder su sentido de los recuerdos.

La clave, la memoria
La persona es un conjunto de subjetividades que se crean en espacios y tiempos. La memoria es la herramienta para direccionar la vida. En el caso de Marcial, son los significados tanto de las materialidades y subjetividades las que construyeron su vida, la memoria viaja a través de espacios y tiempos deconstruyendo sus realidades; Leornard, usa su cuerpo como memoria, la cual es suceptible de alteraciones, modificaciones y trasgresiones, no tiene historia, el tiempo y espacio gravitan como pendulos determinista en búsquedad de verdades escritas en su cuerpo, incongnitas que nunca soluciona, atrapado en un cubo de tiempo que no permite avanzar en la construcción del proyecto de vida. Benjamin, sin alteración de memoria, solo al llegar a la etapa infantil, se vale del privilegio para vivir en el mismo espacio-tiempo social, aunque su cuerpo presente manifestaciones de evolución inversa, es la memoria quien determina su historia, esta últmia condiciona los resultados de la vida.



martes, 2 de febrero de 2010

Una entrada par no lectores. Quien comprenda, escriba

El interés objetivo y egoísta que descansa sobre las pasiones y deseos de lograr plena satisfacción individual, basta para ser el medio de realización exterior que vincula la idea con una historia monumental, bajo la subordinación del pensamiento al ser, ése que sucumbe en lo factual, lo concreto, en las materialidades que significan y reacomodan los principios de los pueblos. Ahora bien, es el concepto, la concepción e interpretación aquél que encadena los hechos históricos determinados por espacios-tiempos para articular una continuidad de momentos históricos. Dicha vinculación de la idea como la realidad perceptible de la conciencia del espíritu y los medios de realización como una extensión del individualismo metodológico, son la muestra de la apuesta metodológica que plantea Hegel en la construcción epistemológica de la filosofía de la histórica universal. Primero abstracción de las categorías concretas, objetivas, reales; desnudando su ascenso hacia el palacio de la razón para, como segundo, devolver la naturaleza, la esencia comprendida, filtrada por la conciencia al campo de lo exterior, factual y concreto. La presentación metodológica, dialéctica que posteriormente usa Karl Marx en la construcción de su magnifica obra “DAS KAPITAL” que recoge en su libro “contribución a la crítica de la economía política”, de lo concreto objetivado a lo abstracto y luego a lo concreto enriquecido, regala un potente mecanismo para reflexionar sobre los problemas contemporáneos.

Así, el orden se mantiene y la coherencia con él, se inicia con la compresión de la esencia, del espíritu, el concepto, del fin, el proceso, el contenido para develar el ser en sí mismo, luego la cautela para ir vistiendo de finos paños el espíritu universal a través de la significación de las partes que integraban el todo, el caso del espíritu de un pueblo particular que viene de la conciencia en tanto se forma en un mundo real y contiene todos los fines e intereses del pueblo en sí mismos, pueblos individuales que sucumben y dan paso a nuevos principios, pueblos que suceden por la desaparición de aquellos que caen presos de la constante y la costumbre. He ahí la relevancia del método, la construcción del conocimiento yace sobre la razón que une la pasión, la idea y el estado.

Ahora, si a lo anterior, se agrega el benencio/perjuicio que adquiere el individuo y la colectividad en cuanto al valor (objetivo y subjetivo; de uso e intrínseco) de la historia universal, planteamientos de Nietzsche en su segunda consideración intempestiva: de la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida, los eslabones de la cadena se tienen, basta la forma de encadenarlos. De un lado, la filosofía de la historia universal con significaciones, naturalezas donde el interés absoluto es la razón, interna en tanto el espíritu del individuo y los pueblos se fundan y crean a sí mismos, externa, en tanto parte de los deseos y motivación de individuos y colectividades con base en el mundo a través de conciencia del espíritu; así la moral, en su forma concreta, es resultado de lo universal y lo subjetivo, que postula en la abstracción del Estado el órgano que se postula como el “objeto inmediato de la historia universal” (Hegel, 1974/2005; 177). De otro lado, el uso de la historia, de los modos de apropiación del arte, cultura, política, economía, territorio, como un resultado del interés por conformar nuevos y mejores individuos y pueblos a la luz de sujetos históricos que construyen una historia monumental, o simplemente, la afirmación incesante de los tiempos pasados en continuidad con lo habitual, negación a las fluctuaciones cambiantes; en otro caso, un resultado de juicios de valor que glorifican el espíritu. En general, una completa compresión de la historia en todos sus dimensiones.

Ahora, desde el punto de vista de la metodología planteada, lo complicado es el empalme fructífero de las partes que constituyen el todo. Sin profundidad haré alusión a dos problemas que surgen al confrontar la historia universal desde lo descrito arriba, partiendo del supuesto que contrario, observar el problema como un todo sin fragmentar. El primero, la fragmentación espacio-temporal o cognitiva; el segundo, el viaje por la evidencia racional. En el primer problema se olvida de la concepción en tanto parcializa la historia, la fragmenta, crea la fractura del tiempo y por tanto condiciona los espacios con el fin último de encontrar una representación que motive, glorifique o justifique la búsqueda de la grandeza o la garantía de permanecer en una historia monumental. El segundo, lo describe Hegel como la necesidad subjetiva que lleva al estudio de las ciencias, pero al considerar la razón como sustancia y elevación de lo infinito que debe persistir en las aproximaciones a la historia, presupone una razón inmutable, verdadera, completa, holística, traída de las lógicas del equilibrio natural y la ordenación de lo celeste, que desvirtúa todos uso indebido de la historia como lo argumenta Nietzsche cuando previene de la imprudencia que puede generarse al traslapar bajo el uso del concepto integrador de los hechos históricos las condiciones en las cuales se cultiva los modos de la historia (monumental, anticuaria y crítica). Del primer problema deviene la interpretación, destruye la pureza de la historia y pasa a convertirse en la construcción apriorística del ser que viaja al pasado para satisfacer las curiosidades que estimulan sus intereses, allí la elección de la concepción como eslabón de la historia está formada por sus identidades con los espacios o materialidades en la construcción de la vida misma, así, en conexión con el segundo problema, no hay cabida a la filosofía de la razón como visión de la historia puesto que a ésta se aproximan personas que utilizan la inteligencia como razón. Aunque, parece aludir el discurso a dos momentos del análisis, concepción e interpretación, el último deviene sobre el primero y este sobre el último.

Lecturas recomendadas:

Hegel, G. W. F. (1837/1985) Lecciones sobre la filosofía de la historia universal. Traducción de José Gaos. Madrid: Alianza Editorial. Leer: ”Introducción general”.

Nietzsche Friedrich (1874/2006) Segunda Consideración Intempestiva. De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida. Buenos Aires: Libros del Zorzal.