Lecturas de referencia: Walter D. Mignolo. Geopolítica del conocimiento y diferencia colonial.
Pensar desde la diferencia colonial el llamado al sentido del lugar. No sería más pertinente la propuesta de Mignolo al abrir las puertas del conocimiento a los académicos de las ciencias sociales principalmente y a los afiliados políticamente en reacciones de derecha o izquierda, e invitarlos a pensar la diferencia colonial y la geopolítica del conocimiento. El punto de referencia es el sentido de lugar y las jerarquías que ordenan los países con relación a los mismos lugares de enunciación y su capacidad de permear los espacios otros por su racionalidad implícita, aunque dicha medición cargue con el sesgo de lugar de enunciación no explicita.
La argumentación es un despertar a la geopolítica oculta en el conocimiento. En tal sentido vale la pena retomar la propuesta de stiglitz sobre el conocimiento como bien público global en aras de esclarecer la funcionalidad del conocimiento importado o, si se quiere, las fronteras traslapadas de las diferencias coloniales en relación con el conocimiento.
Un bien público es de carácter no excluyente y no presenta rivalidad en el consumo. Al referirnos al conocimiento, la primera una restricción difícil de modificar y la segunda dada per se al conocimiento precisamente por su naturaleza no factual. Las exclusiones son de tipo legal, económica y, para algunos focos poblacionales, de capital humano acumulado. Siguiendo a Mignolo, el conocimiento siempre tienen un lugar de enunciación y hay localizaciones de los centros de producción de conocimiento; aceptando dicha premisa, el carácter de bien público se puede alcanzar relajando las restricciones, que de hecho es un imperativo para continuar con la jerarquización de los puntos de vista y ganar poder global, pero la funcionalidad del bien público en los diferentes lugares lograr generar resultados con matices diferenciados, característica que no debe descalificar la búsqueda por la libertad del conocimiento, sino la conciencia investigativa y practica de transformar los avances y adoptarlos a los contextos particulares; negar la historia de otros lugares en función de mantener al margen la episteme de la enunciación es invisibilizar el valor de la visión global.
Ahora bien, se exhorta el acceso al conocimiento y se desestima la fuga de cerebros, aquella que privilegia la enunciación y significados extranjeros para analizar los contextos reales. En la primera vía, la libertad de mercados de conocimiento logra postular jerarquías que devienen del volumen y el poder político otorgado a la difusión misma del conocimiento, puesto que no existe precio real sobre el “bien” sino que es una valoración subjetiva que adquiere y reproduce valor a medida que se difunde en el medio; así hablar de libertad de acceso al conocimiento debe llevar implícita la discusión de la distribución del conocimiento, la fuerza relativa de las hegemonías para acallar los lugares de enunciación otros y, más importante, el reconocimiento de la diferencia. En la segunda vía, se postula el llamado de atención sobre la academia en función de leer y comprender la geopolítica del conocimiento que se postula como una restricción a la libertad colonial.