La preocupación por el espacio se presenta a través de una interpretación de los orígenes de lo espacial como fenómeno de menor jerarquía a lo histórico. Es el mismo enfoque del primado del tiempo discutido en las lecturas de Hegel y Nietzsche. Justificación que argumenta Pardo (1992) en la división ontológica de “res extensas” delante de “res cogitans”, donde muestra como el primado del tiempo es una derivación de la epistemología de la metafísica, como resultado se privilegia la interioridad, en tanto lo exterior es cuerpo, es espacio. Surge, igualmente, una preocupación por el poder de las categorías para direccionar los discursos (desde la perspectiva de Foucault), imposición que se llama al orden para construir, de nuevo, e insistentemente lo trabaja Soja (1989/1994), una dialéctica entre historia-geografía en planos equilibrados de relación. No obstante, el neo-estructuralismo que surge bajo las tensiones de los sistemas de producción y reproducción social postula el propósito de Soja, usando una categoría del economista Schumpeter, es una “destrucción creativa” dialéctica de la narrativa histórica afirmando la perspectiva espacial en el análisis social (tiempo-espacio-ser social).
En términos metodológicos, Soja (1989/1994) pretende reivindicar el materialismo histórico como herramienta metodológica para comprender las relaciones sociales (relaciones espaciales para Lefebvre), sin querer conquistar la historia con un discurso geográfico para realzar el tema del espacio, la búsqueda es una dialéctica del espacio que considere y equilibre historicidad y espacialiadad; un llamado a construir no una historia sino la construcción social de espacios, geográficas humanas que conecten al mundo con la existencia del espacio. Por su parte, Pardo (1992) Desarrolla los orígenes y tensiones del espacio/tiempo como categorías e instrumentos metodológicos para entender los fenómenos y contradicciones reales; pasando por la mecánica de Leibniz, las críticas de Hume sobre las ideas y el empirismo como caminos válidos para conocer, la dialéctica del Espíritu de Hegel (espacio: “el ser fuera de sí mismo”), la racionalidad de Kant al supeditar el conocimiento válido en la experiencia en espacio y tiempo (elementos que determinan la posibilidad del conocimiento humano verdadero), la fenomenología de Hurssel y su discípulo Heidegger; el discurso se desarrolla en consideración de la filosofía Griega de encontrar la verdad en el alma (interioridad) no en el mundo (exterioridad). Así mismo, incita a considerar la subjetividad del espacio pero haciendo hincapié en considerar las categorías espacio y tiempo subsumidas en la “afectación”, ésta último con una historia y determinante el pensamiento (“lo pensado tienen como referencia último lo sentido”).
Ambos autores discurren entre las construcciones epistemológicas de la primacía del tiempo sobre el espacio; no obstante, la consideración de lo sensible, lo exterior, lo espacial, lo geográfico, la praxis, la acción humana como fuerza cambiante del mundo, se constituyen en elementos centrales para postular la reorientación de la filosofía moderna y la producción social del espacio. Ahora bien, los neo-marxista o meta-marxistas (como describe Soja a Lefebrvre), evitan tratar temas como la disipación, irreversibilidad, postulados que emergen de la segunda ley de la termodinámica[2] y, particularmente la entropía[3], trabajos que valieron el Nobel al profesor Ilya Prigogine (1917-2003) teoría que mantiene la primacía del tiempo y el “fin de lo cierto” para dar paso a las incetidumbres en los procesos, donde el tiempo se recompone como algo dinámico, continuo y receptivo de las diferencias cualitativas, tiempo que se descubre por la complejidad.
Al parecer las ciencias siguen trazando fronteras que excluyen las demás posturas puesto que las unas descansan en la eliminación de los argumentos fundamentales de las otras. Los procesos físicos, químicos y biológicos, ubican al tiempo como rey; los procesos sociales, un materialismo dialéctico social que equilibra la relación espacio-tiempo, aunque en ocasiones el discurso se ubica como la primacía del espacio. Tal vez, asistimos a fundamentar el espacio como forma explicativa de los fenómenos que cauda el tiempo. Aclarar las fronteras, o al menos, el proceso de difuminación, desde el punto de vista teórico, metodológico y práctico ilumina el camino del enfoque socio-espacial.
[2] Esta ley regula la dirección en la que deben llevarse a cabo los procesos termodinámicos y, por lo tanto, la imposibilidad de que ocurran en el sentido contrario
[3] entropía describe lo irreversible de los sistemas termodinámicos.
Lectura de referencia: Pardo, José Luis (1992) Las formas de la exterioridad. Valencia: Pre-textos. Leer “Introducción: el espacio del pensamiento” y “I. Afuera en la naturaleza”, apartes 1 y 2”, páginas 10-92. Soja, Edward (1989/1994) Postmodern geographies: the reassertion of space in critical social theory. Londres/Nueva York: Verso. Leer capítulos 1 a 5, páginas 10-137.
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