La primera rama de la economía que se aproxima a los problemas espaciales es la geografía económica. A partir de una derivación de los fallos de mercado, las externalidades que suceden al considerar el espacio, desvían los resultados del modelo microeconómico. Así, se privilegian los clusters que motiven, por un lado, la especialización y la producción de materias primas para disminuir los costos (efecto de demanda alta de materias primas causa una causa la caída en los precios), por otro, la difusión de las ideas y la existencia de los efectos spillovers (Combes et al, 2008; 32).
Bajo el pretexto de conectar los mercados, en la geografía económica, el tratamiento del espacio se limita a la consideración de costos de transporte entre las ofertas y las demandas, importan las localizaciones que favorecen los mínimos costos de producción, conexiones a centros de recursos y de distribución. En ésta perspectiva se condenan territorios donde las condiciones físicas limiten el acercamiento entre los centros de producción y el consumo. Toda iniciativa de mejorar las condiciones territoriales se enmarca en una perspectiva funcional de la economía, equipamientos, infraestructura física social como las vías de comunicación, puertos, sistemas de transporte, que pretenden corregir el fallo de la completitud de los mercados. Es todo un sistema de materialidades que dominan el análisis económico y donde la cultura, los significados, representaciones y vivencias de la gente ingresan como constantes de control al modelo de asignación de los recursos de capital. El espacio, en ésta consideración, no es más que un recurso fijo, inmóvil que condiciona parte de los resultados económicos del país. La apuesta debe volcarse a la comprensión de las conexiones y flujos de personas y mercancías, a esos sentidos de lugar que entregan valoraciones diferentes a las formas territoriales, las instituciones y los mercados. Sin embargo, y sin llegar al tema, ahí habría algo bueno para proponerle a los contenidos de la Observación y el Trabajo de campo desde esa perspectiva.
Desde la teoría clásica de las ventajas comparativas de Ricardo y los modelos de comercio internacional que fundamentan el proceso de globalización se privilegian los lugares como sitios de producción, comercialización y consumo de productos, el espacio era la categoría física que contenía la capacidad productiva y reproductiva del capital; entonces, era común que todos los productos llevaran una identidad asociada al territorio donde se realizaba la totalidad del proceso de producción. Importaban los lugares en tanto se conectaban con eficiencia con el sistema de mercados internacionales. En los modelos clásicos las diferencias en la organización territorial y la geografía física eran la fuente de la diferencia comercial, la especialización en la producción en coexistencia con la disminución continua de los costos de transporte daba ventaja comercial y por tanto mayores niveles de Producto Interno Bruto (PIB) que se propone como una medida de la salud económica de la economía. Hasta este punto, principios de los años 70s, el mundo en términos económicos seguía asociando los productos con un lugar particular. El sesgo a localizar la producción de los bienes y servicios en espacios determinados cambió al llegar la Nueva Economía.
La Nueva Economía surge como resultado de las altas tasas de crecimiento, baja inflación y bajo desempleo que estuvieron presentes durante la época dorada del capitalismo 1950-1973 y los siguientes resultados derivados de la productividad de los computadores y tecnologías asociadas entre los 1970s y los 1990s. Además, trae consigo la división internacional del trabajo (especificar cómo se entiende el espacio en la división internacional del trabajo) que buscan la rentabilidad del capital en contextos discontinuos con jerarquías de poder. Pero la Nueva Economía, como argumenta Ron (2007; 19): no se limita a los sectores de las nuevas tecnologías, se refiere a los nuevos tendencias basadas en las tecnologías de la información que transforman la vida económica y social de la población.
Así, la Nueva Economía escapa al problema de reconocer las culturas con un lugar específico, problema planteado en (Gupta y Ferguson, 2008) para el caso de la antropología. La fuente por la cual se acepta el escape de la economía del problema es la transición de los sistemas tradicionales de producción en masa a producción flexible focalizada que privilegia la diferencia para permanecer en los mercados, estructuras de mercado de competencia monopolística dispersa alrededor de todo el mundo para satisfacer nichos de mercados emergentes y situados, también, en diferentes partes del mundo. (No entiendo la idea) Un ejemplo comercial lo sugiere Canclini (1995) en la industria de cine y televisión de consumo internacional, en la cual, se afilian diferentes sentidos de lugar personificados en los actores con el fin de cultivar las demandas de un mayor número posible de personas. La estrategia de talante comercial para el mundo global tiene una representación en los contextos locales, la misma glocalidad que plantea Boisier.
Particularmente países como Estados Unidos e India[1] donde la multiculturalidad es la confirmación de las practicas espaciales, la industria en toda su extensión se ha reinventado para cumplir sus objetivos de rentabilidad. (y esto que tiene que ver con lo que sigue?) Algunos autores citados por Ron (2007) llaman la Nueva Economía como la era del “capitalismo cultural” o “capitalismo creativo”, se suma Castells (2002) que la llama “Era de la información”, todas obedecen a considerar el capital conocimiento como la esencia, donde toma prelación los sectores de servicios culturales y creativos al servicio de consumidores informados y exigentes situados en contextos locales conectados globalmente.
Ahora, si bien la Nueva Economía revoluciona la connotación de la diferencia cultural (explicar, argumentar porque no se entiende la revolución), también se puede leer el logro como una estrategia discursiva para llevar las sociedades a espacios de representación hegemónicos de una aldea global, promoviendo la homogeneidad de los espacios por las redes de comunicación y las tecnologías informáticas dominadas por las grandes potencias mundiales. La Nueva Economía se promueve por las políticas Neoliberales en contraposición de la Keynesiana; el lugar de enunciación del nuevo sistema es Estados Unidos a través de sus políticos y funcionarios públicos: en enero del 2001 el “Economic Report President Clinton and the Council of Economic Advisors (CEA)” presenta la creación de la Nueva Economía como resultado de la transformación económica y Alan Greespan, anterior director general de la reserva federal, provocó controversia a finales de los 90s al argumentar sobre el “milagro de la productividad” en Estados Unidos por el uso de los computadores (Ron, 2007; 18), Castells (2002) la ubica en los años 70 en California Estados Unidos.
La Nueva Economía aunque distingue la diferencia cultural en función de la rentabilidad empresarial, aún se queda sin entender la producción de las diferencias al interior de la localidad en contextos interconectados, reto que sugiere (Gupta y Ferguson, 2008:); al contrario, plantea un sistema donde el espacio desaparece pues sigue viendo el concepto como una extensión de mercados potenciales.
[1] Ver en el libro “Identidad y violencia: la ilusión del destino” De Amartya Sen (2001) donde se hacen explicitas las grandes diferencias culturales al interior de la India y donde el autor condena la homogeneidad cultural asociada a las filiaciones territoriales, religiosas y políticas en contextos donde predomina la multiculturalidad. Libro que sale en respuestas crítica a la tendencia mediática y política de satanizar la procedencia territorial de la población con características inmutables y expandibles seudocientíficamente al total de la población.
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