“¿Quién no sabe que el término ecología quiere decir,
en sentido literal: teoría o discurso de la casa de los seres vivos? Del lugar,
de la morada, del hábitat…en suma, lugares propicios y propios de los seres
dotados de vida”
Michel Serres (Atlas)
El lugar, la morada
que describe Michel Serres es el hogar, la casa, una disposición de elementos
en el espacio que se privilegian en tanto la utilidad de las distancias,
distribución topológica que adquiere diferentes formas con el mismo contenido,
espacios producidos socialmente puesto que confluyen tanto las unidades
materiales, físicas como los sentidos de lugar, significados singulares, únicos,
asociados a significantes. ¿Qué pasa cuando hay más de uno en casa? Llega la
alteridad, el otro que privilegia otras distancias, los mismos significantes le
producen diferentes significados, el reconocimiento de la diferencia es la
aceptación de la existencia de signos distintos usados como vehículos para expresar
el mismo contenido; quiere decir, que una vez las ciencias sociales, comenzando
por la antropología, acepta la diferencia cultural, aparece el conflicto como
algo intrínseco a las relaciones humanas[1],
en su condición de umbral, límite, frontera. Entonces, el espacio producido
socialmente es un espacio de conflicto puesto que se construye a través de la
diferencia, un sistema estructural en tanto la manera de combinar es la que
produce los sentidos, pura realidad espacial. Ahora bien, pensar la
espacialidad como un conjunto de contradicciones, al estilo marxista, supone la
homologación del espacio a las relaciones de clase, supuesto de poca cautela a
propósito de los desarrollos de Lefebvre y Soja, principalmente.
Con lo anterior
vemos que, en efecto, como lo plantea Soja, la espacialidad (espacio producido
socialmente) no se concibe fuera del la realidad del conflicto. Así, de cara a
mostrar la pobreza como un asunto espacial y su despliegue en los dominios de
la geografía humana, vamos a usar el andamiaje metodológico propuesto por Luis
Berneth Peña (2008) pero tratando de interiorizar la crítica del párrafo
anterior. Lo que conlleva a tomar como recursos el dominio sociedad naturaleza
y los otros dos fusionarlos en una propuesta para pensar la pobreza como
espacialidad.
Presos del determinismo económico (Sociedad-Naturaleza)
Si bien la
preocupación por la pobreza ha sido una constante en el pensamiento económico
que se puede rastrear desde antes de los clásicos de le economía como Smith,
Ricardo, J.S Mill, y el mismo Marx, solo hasta después de la Segunda Guerra
Mundial, con la creación de las organizaciones multilaterales y el programa
para la reconstrucción de Europa y Japón (Plan Marshall)[2],
es cuando se comienza a pensar en la pobreza como una forma de aproximarse a la
medición del desarrollo de los países, en dicho contexto la pobreza es una
forma enunciativa de menor escala que el desarrollo mismo, es decir, entendida
como “carencia de” adquiere su condición global en forma del enunciado
“desarrollo”, vinculado éste último, entre los años 50 a 70 con los niveles de
crecimiento del PIB que lograba obtener un país. En plena batalla ideológica,
una guerra colonizadora, se privilegian los modelos económicos de cara a un
crecimiento económico fuerte vía dinamización de la inversión, aquellos países
que no lograban mantener una tasa de ahorro suficiente para crecer anualmente
entre el 5% y 7% eran considerados como atrasados[3].
La estructura económica interna determinaba la condición de pobreza/riqueza,
aquellos países rurales, dependientes del agro, disperso, con escasa industria
y servicios eran considerados como pobres y por tanto debían seguir un camino
hacia la riqueza, estadios del desarrollo que premiaban la concentración, la
industria y los servicios, una visión teleológica y colonial del desarrollo. Además,
como lo argumentarían más tarde los trabajos en geografía económica, la
concentración favorece las fuerzas dinámicas de la economía a través de
reducción de costos y generación de externalidades positivas a la producción.
El mundo estaba
viviendo la “época dorada del capitalismo” que colapsó en 1973 con la subida de
los precios del petróleo provocada por la OPEP situación que terminó con las
altas tasas de crecimiento mundial del PIB. Aunque antes del colapso mundial
los ingresos per capita crecían anualmente al 3%, en dicho periodo la
preocupación por los niveles de vida era evidente pues ante tal crecimiento, la
calidad de vida continuaba invariante, con la crisis del petróleo se agudizó el
debate. Lo que se constituía como desarrollo, puramente enunciado en su forma y
sustancia es dignificado y le continúa una carrera por replicar la expresión
como código determinista de la formación de los espacios de visibilibidad.
Al cambiar del
escenario europeo, desilusionados por los resultados de los modelos de estadios
del crecimiento y cambio estructural, la revolución de los 70 principalmente
por América Latina en cabeza de la Cepal, bajo el pensamiento de Prebisch y
Furtado, adoptan el modelo
centro-periferia. Los seguidores del movimiento argumentan el
subdesarrollo como una condición intrínseca al capitalismo, donde coexisten
ricos y pobres en un sistema internacional dominado por la relaciones de poder
entre el centro (países desarrollos) y la periferia (países con bajos niveles
de desarrollo –LDCs, por su siglas en inglés–) donde los primeros erigen su
crecimiento a costa de los segundos y, los segundos, quedan relegados a ser
dependientes y de bajo desarrollo. En la práctica, los
países continuaron replicando la “aprendido” pero limitaron la relación,
privilegio a la industria y los servicios pero sin “dependencia” de Estados
Unido o Europa; exclusión del otro por considerar sus prácticas como coloniales
y hegemónicas, expulsaron a los segundos que habitaban la casa, interiorizaron
los problemas del desarrollo y la pobreza, sin llegar a reconocer la diferencia
y la coexistencia en el espacio-tiempo, mucho menos el discurso per se del
desarrollo. Solución fallida, un modelo de sustitución de importación que
dinamizó la industria interna pero desestimulo el crecimiento efectivo por una
producción en inventario con escasa competitividad, continuaba la etiqueta que
ubicaba a dichos países en otros tiempos, tiempos precarios.
Mientras, políticos y economistas de
los países de bajos ingresos eran cautivados por la idea de la dependencia y la
revolución, surgía, en los años 80, la contrarrevolución neoclásica.
Reivindicar el libre mercado y la política neoclásica lleva a los seguidores de
la contrarrevolución a argumentar y a justificar las causas del subdesarrollo
como un asunto interno a los países, muestran que los resultados en materia de
pobreza son causados por la asignación de precios incorrectos los cuales se
forman por la excesiva intervención del estado en los asuntos de mercado, su
corrupción e ineficiencia; entonces, al eliminar la distorsión en los precios
de los factores, productos y mercados financieros, la eficiencia económica y el
crecimiento económico serán estimulados
(Todaro y Smith, 2006; 121). Esta visión recupera los planteamientos de
Adam Smith del libre mercado y reivindica las posturas neoclásicas en el
pensamiento del desarrollo, pues el discurso logra permear países como Chile,
principalmente con la intervención del premio nobel Milton Friedman y el
trabajo de los llamados “chicago boys”
en la dictadura de Pinochet que plantearon reformas estructurales contrarias a
las promulgadas por la CEPAL que logran corregir los problemas macroeconómicos
del país; igualmente notoria, bajo una corriente neoclásica, fue la
intervención simbólica del profesor Jeffrey Sachs en la economía boliviana para
contener los problemas de la “inflación galopante” que destruía la economía
local.
En general, las visiones clásicas del
desarrollo muestran una alta dependencia conceptual con el crecimiento
económico, es decir, es el PIB per cápita el centro del análisis. Análisis
globales que se reducen a planteamientos macroeconómicos, modelos de oferta y
demanda que corrigen problemas de precios en el mercado laboral, real y
monetario. Persiste el descuido por el análisis local, las diferencias, el
sistema de identidades y las prácticas sociales. Se privilegian los procesos
que aporten a la estructura productiva del país, vía explotación de los
recursos estratégicos e inserción a los mercados internacionales, una lógica de
la acumulación del capital que genere beneficios a las empresas y por reducción
se mejoren las condiciones de bienestar material (consumo) de la población.
La tradición clásica del desarrollo
sufre un cambio en la focalización de los argumentos y la atención se desvía
sobre la argumentación conceptual del desarrollo en lugar de privilegiar los
resultados del crecimiento, muere la visión tradicional para dar paso a propuestas
alternativas y/o complementarias. Entre las propuestas principales se encuentra
el relatorio de Uppsala sobre el otro
desarrollo publicado por Dag Hammarskjold Fundation en 1977, es la
expresión de una nueva conceptualización del desarrollo en cooperación con
organizaciones locales y no gubernamentales, privilegiando un desarrollo
igualitario, endógeno, autónomo y ecológico (Hidalgo, 1998; 232). El énfasis se
presenta en la satisfacción de las necesidades básicas materiales y no
materiales de la población menos favorecidas de la sociedad; además, se inicia
corrientes que construyen los enfoques como el etnodesarrollo, ecodesarrollo y
desarrollo sostenible.
A la par de los
modelos de contrarrevolución se postula como discurso la ecología en el campo
de la economía dados las continuas afectaciones del ambiente y la destrucción
ecosistémica de los espacios naturales. La crítica bien la resume el gráfico
que presenta Ahmed Hussen (2004: 19) en su libro: “Principles of enviromental
economics” donde refleja la relación entre la biosfera y la economía. Partes de
la Biosfera como una extensión de recursos ambientales finitos y escasos que
contiene el subsistema económico en interacción constante recibiendo recursos
de la biosfera y devolviendo un producto, con frecuencia desperdicios y/o
contaminación a la misma biosfera.
Diagrama 1. “Ecologically enlightened economic view. The biosphere is continuously
energized by solar power. The human economy (comprising the activities in the
inner circle) depends on inputs (throughput) and outputs (disposal
of waste) to the biosphere. The biosphere is finite, as indicated by the
outer circle”(Hussen, 2004: 19).
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La crítica emerge
al considerar la economía como un sistema abierto, desprovisto del contexto
medioambiental, un sistema que busca la satisfacción de necesidades ilimitadas
sin considerar los costos para la reproducción de la condiciones de vida
similares o mejores para las generaciones futuras (sostenibilidad ambiental);
bajo una visión simplista del proceso económico, la racionalidad del productor,
dominado por servir al consumidor, olvida que la economía en su conjunto está
alimentada por un sistema cerrado, limitado y finito, además que sus demandas
al ambiente alteran los ecosistemas, los sistemas biológicos que soportan la
vida. Entonces, la visión ecológica busca la comprensión de la interrelación
entre los seres vivos y su hábitat, para el caso, los procesos económicos como
una derivación de las acciones humanas y la alteración del territorio.
La inconsistencia
que emerge entre la escasez de los recursos y los ilimitados deseos de
producción, encuentra soluciones parciales en la formalización de impuestos
directos, teoría de las externalidades que asigna derechos de propiedad y
corrige los “fallos de mercado” vía intervención estatal. El debate aún se da
en el plano político con pocas repercusiones en las expresiones de la pobreza y
el desarrollo.
Pobreza como realidad espacial (sociedad-espacio y
prácticas espaciales)
En lugar de
realizar una recopilación sobre la teorías del la geografía económica y la
llamada nueva geografía económica, me interesar plantear la pobreza como un
asunto de la producción espacial.
Igualmente, me
declaro, hasta el momento, alejado de la consideración marxista que plantea
Harvey por el olvido de las críticas hechas a Marx, pero rescatando igualmente
muchos de sus aportes metodológicos para pensar el espacio en términos de
relaciones sociales. Entre los olvidos señalo, principalmente, la adopción de
la teoría de capital humano en la producción y su subsiguiente incorporación al
ciclo sistémico (Dinero-Mercancía-Dinero) que hace fluctuar la tendencia de la composición orgánica de capital, en muchos
casos, por largos periodos, una tasa de ganancia positiva. Otro olvido, el
desmonte de la teoría valor-trabajo (soporte de toda la teoría marxista) por la
teoría marginalista, tratada ésta última dos años después de la publicación del
primer tomo del capital, por Menger, Walras y Jevons, pero invisibilizada hasta
el surgimiento de la teoría neoclásica contemporánea. Otro sesgo de contexto,
olvidar que los salarios se pagan de capital circulante y no de capital fijo y
privilegiar el desmonte de la inversión en capital fijo aduciendo a discurso de
la igualdad que en últimas termina minando el aumento del acervo de capital
circulante y por tanto el aumento de los salarios.
La espacialidad de la pobreza
Los estudios de la
pobreza convergen en considerarla como un fenómeno multidimensional. La
calificación de aspectos como la comida, el vestido, la salud, la educación,
las viviendas y los servicios públicos se convierten en los dispositivos
visibles, prácticos que soportan las mediciones y aparecen como prioridad en
los planes de la política pública; aún es incipiente la evaluación de las
nociones cualitativas de la pobreza por la dificultad en los diseños de los
instrumentos que representen el total de la población; por consiguiente no se
avanza en analizar las percepciones. El enfoque multidimensional de la pobreza
sugiere que la manifestación de la pobreza es la agregación de diferentes
dimensiones que componen la vida de una persona, el ingreso es postulado como
una condición necesaria en tanto medio para acceder a las funciones de la vida
que valoran las personas.
En la
mayoría de los casos, la pobreza es medida en términos absolutos y relativos.
La primera, se enfoca en los niveles de consumo o ingreso mínimo que deben
alcanzar las familias para sobrevivir. La segunda, aluden a considerar la pobreza como un asunto
social, puesto que las prácticas de consumo y las necesidades de la población
dependen de las prácticas de consumo y las necesidades de los demás. Feres y
Mancero (2001: 11) definen los enfoques así:
“Mientras el primer enfoque (absoluto) sostiene
que las necesidades –o al menos una parte de ellas– es independiente de la
riqueza de los demás, y no satisfacerlas revela una condición de pobreza en
cualquier contexto, el segundo plantea que las necesidades surgen a partir de
la comparación con los demás, y la condición de pobreza depende del nivel
general de riqueza”
Aunque se observe
la preocupación de la pobreza como problema importante en la literatura
económica, política y sociológica, principalmente, los esfuerzos por incorporar
los sentidos de lugar y los análisis de las estructuras y las relaciones que
dan lugar a las expresiones que se toman para evaluar la pobreza, no permean
los discursos. Al parecer las formas de
naturalizar la pobreza para evaluarla se convierte en la traducción del discurso
económico donde la pobreza es el resultado de la escasa capacidad de un país
para producir riqueza y distribuirla con eficiencia. No se desconoce los
avances teóricos de economistas como
Amartya Sen, que teoriza sobre el desarrollo expresado en la libertad para
poder acceder a la vida que cada individuo valora como adecuada; no obstante,
la intención es llamar la atención sobre el análisis espacial que queda oculto
hasta en la misma teoría del Nobel.
Frente a los
dominios evaluativos de la pobreza importante considerar la sugerencia de
Haining (2004; 15): “The social and environmental sciences are observational
not experimental sciences”. En efecto, interesa a las ciencias sociales
significar las relaciones sociales, observar los comportamientos de los individuos
en un tiempo espacio singular, puesto que las diferencias de lugar, espacio y
tiempo abren la visión general de los procesos sociales. Las categorías de
lugar y localización juegan un rol importante en el análisis social en cuanto
dejan ver la variabilidad entre las unidades espaciales que comparten atributos
y la disposición de dichas unidades en un sistema regional donde importa la
distancia, interrelación, el contexto, la escala y la posición para explicar la
variabilidad en los atributos de los lugares Haining (2004).
Atender a las diferencias de lugar,
espacio y tiempo, además de ampliar el panorama del análisis, sensibiliza al
investigador para captar los sentidos de lugar, significar los espacios de
pobreza expresados más allá de los cuerpos, en las interacciones sociales que
conectan territorios, que escapan de los límites o encerramientos naturalizados
para enunciar la pobreza (países pobres, regiones pobres, localidades pobres).
Al respecto, la manifestación de la pobreza tiene talantes diferentes y
coexisten con espacios otros que si bien no muestran la pobreza material, hacen
parte de un sistema de huellas y relaciones que ayudan a explicar los espacios
de pobreza/riqueza; es una forma escalar de comprender los espacios en cuanto
los lugares locales extienden sus relaciones hasta los dominios
internacionales, bajos diferentes estructuras y direcciones en las que se
manifiesta el poder.
Otro aspecto a favor de acentuar el significado de la diferencia cultural, es la importancia del
lugar en la forma de cómo se construyen, imaginan, cuestionan e imponen en el
territorio las expresiones de la pobreza. Se deduce que las personas viven la
pobreza de formas diferentes, que los lugares y la disposición de los
artefactos que integran el espacio geográfico difieren entre los territorios,
que las inscripciones en el espacio, las significaciones y el simbolismo están
cargadas de sentido, sentidos del lugar.
“No es el ocupante quien determina sus espacios, sino ellos quienes le
determinan y preceden, le anuncian, le acompañan y le definen, proporcionando
cuando es preciso un molde a sus vivencias o un contenido a su “campo
perceptivo”” (Pardo, 1992: 19)
Bajo ésta
línea, es el espaciotiempo la categoría crucial en el análisis de la producción
y reproducir de la pobreza. Las características de los territorios,
disposiciones del espacio geográfico, físicas y construidas, condicionan las
representaciones del individuos al tiempo que les limita la libertad de acción;
más allá de la vivienda como recurso físico o lugar de reproducción, también
interesa la experiencia del ser con su hogar, su capacidad de ser y estar en
ese espacio, cuando el espacio mismo es producto de las relaciones sociales. En
éste sentido, las expresiones espaciales de la “compresión del espacio-tiempo”
que alude Massey y que David Harvey ha trabajado más a fondo, tienen
estructuras diferenciadas puesto que la experiencia con el espacio, las
proximidades, lejanías, conexiones, prolongaciones y, en general las formas del
lugar tienen manifestaciones diferentes.
Es más, en muchos casos, donde los niveles de pobreza son extremos, donde la
primera y última pertenencia es el ropaje, “la última frontera donde descansa
la esencia”, no existe compresión alguna del espacio-tiempo.
Son los
desplazamientos y entrecruzamientos de los individuos en un territorio quienes cargan
de significados las materialidades, convergen los espacios objetivos con los
espacios de significación; los primeros, en cuando disponen de un sistema de
dispositivos visibles, tangibles que organizar y jerarquizan los territorios,
que se manifiestan como los contenedores de la pobreza para los planificadores;
los segundos, agregan los sentidos de lugar, significaciones, vivencias
singulares, las manifestaciones simbólicas.
Así, el análisis rompe los límites
impuestos a los lugares como creaciones planificadoras y logra proponer un
sentido global de los lugares, al considerar las relaciones asociadas a la
pobreza que se extienden sobre el espacio. Un ejemplo particular que se ha
tratado de incluir en los estudios de la pobreza es el capital social,
entendido este último como todas las relaciones, normas y extensiones sociales
que facilitan la acción colectiva para, por ejemplo, paliar los problemas de la
pobreza. Aunque se introduce el argumento de las redes sociales y los
mecanismos de extensión de las mismas, de nuevo el análisis del lugar queda al
margen.
En síntesis, importa y mucho, la
diferencia espacial en los análisis de la pobreza. Primero, la pobreza tienen
expresión espacial por tanto debe reconocerse su naturaleza espacial; segundo,
los lugares son un constructo de
relaciones sociales que se diferencian unos de otros por consiguiente la
estructura de los espacios de pobreza serán diferentes en cada territorio y se
extenderán a través del espacio puesto que los límites o restricciones a los
espacios de pobreza no están cubiertos por una membrana sino que son función de
las relaciones sociales escalares; tercero, los lugares están cargados de
simbolismos y significaciones que forman el sentido del lugar, entonces, la
pobreza igualmente tienen asociados sentidos de lugar que amplía aún más las
diferencias espaciales.
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Pardo,
Jose Luis (1992). Las formas de la exterioridad. España, Pre-textos.
[1] Contrario a la visión de Comte, Durkheim, Parson que describen el
conflicto como un mal de la sociedad. Pero donde cabe la acepción de Marx al contraponer las clases sociales en el seno
del trabajo, pero todo dentro de un proceso de relaciones sociales.
[2] Plan Marshall consistía en ayudas de Estados Unidos, daba
asistencia técnica y económica a la destruida Europa con el fin de restituir el
comercio internacional y el sistema financiero, meta que se logra y
paralelamente, surge la preocupación por los países de Asia, América Latina y
África como campo de investigación alternativo a los procesos de Occidente
(Nafziger, 2006; 81).
[3] Los principales aportes llegan por
el norteamericano Walt Whitman Rostow, quien en 1960 publica la obra las etapas del crecimiento económico con
el fin de dinamizar la teoría clásica de la producción; en la misma línea
aparece el modelo Harrod-Domar como una apuesta postkeynesiana donde la función
de la inversión es la clave del proceso de desarrollo. En general, con la
combinación de ahorro, inversión y ayuda extranjera un país puede generar
niveles de crecimiento del PIB que garantizan pasar de ser un país
subdesarrollado a uno desarrollado

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