martes, 24 de enero de 2012

El lugar en la economía

La relación entre ambiente y desarrollo ha dejado de lado la preocupación por el lugar bajo el influjo de las corrientes de globalización. La libre movilidad del capital en forma de inversión y ayudas internacionales, la migración de personas, los flujos de conocimiento, y el comercio, son las formas de globalización del sistema capitalista en las cuales las discusiones sobre el lugar quedan asociadas a las escalas político administrativas, países frecuentemente (Goldin y Reinert, 2007). Para los fines de la producción de bienes y servicios, el lugar pierde sentido con la división internacional del trabajo, pues desaparecen los sellos de lugar en aras de buscar la rentabilidad del capital y entrar en el círculo privilegiado de la competencia internacional.
El premio nobel de economía, el profesor Milton Friedman (1912-2006), en uno de sus videos televisivos de los años 70 muestra como el proceso de producción de un lápiz se ubican en diferente partes del mundo y a través del libre mercado y lo él llama la “magia del sistema de precios” pues por medio éste se puede lograr acceder a un lápiz que agrega el tiempo de miles de personas que no se conocen, nunca se han visto, no hablan el mismo idioma, no tienen la misma religión, tienen costumbres diferentes, sus sistemas de identidades es tan diversa que podrían llegar a no comprenderse nunca. La mirada se hace sobre las mercancías y no en las personas y sus lugares, ese descuido lleva a la economía a considerar el espacio de manera cartesiana, como un contenedor de personas, infraestructuras y normas, un contenedor de demandas potenciales que deben ser cautivadas por las empresas, en la lógica del crecimiento económico.
La Economía al servicio de la libertad de los mercados es aprovechada en gran escala por el capital financiero para condenar los lugares a la dependencia de la inversión, el poder del lugar como una práctica construida social y culturalmente relega el puesto a una producción espacial orquestada por el capital, dominación ejercida por la necesidad de crecimiento económico de los territorios en un ambiente de competencia que lucha por los escasos recursos financieros que apalanquen la inversión territorial, motiven la producción y generen empleo. Bajo ésta línea solo importa la maximización de las ganancias o la minimización de los costos de producción, un claro enfoque del lado de la oferta.
Los resultados de la competencia frontal por recursos financieros, principalmente de inversión extranjera[1], lleva a los gobiernos a construir espacios funcionales a los mercados para garantizar su atracción, buscan planear ciudades que deben manejar en su slogan “competitivas” para mantenerse activas en el sistema económico internacional. El reto que sugiere (Gupta y Ferguson, 2008) es curar la miopía del accionar político y económico al servicio del capital que se quedan sin entender la producción de las diferencias culturales al interior de la localidad en contextos interconectados.
No se desconoce las afectaciones y cambios que los procesos de orden global han provocado en las formas de relacionamiento económico, cultural y político, para ello sigue siendo importante las miradas críticas al lugar que provienen de la antropología, geografía, comunicaciones y estudios culturales (Escobar, 2000, p.114). No obstante, la importancia y existencia del lugar está generando un cambio en la política de desarrollo a nivel planetario, pasando de una sistema orientado hacia la oferta focalizado en el crecimiento económico, hacia un sistema orientado a la demanda de necesidades, donde las condiciones de los lugares son de suma importancia para lograr mejora la calidad de vida de la población que los habita; en la primera forma de desarrollo se privilegia la localización industrial y de servicios en zonas de potencial, una mirada puesta en las formas de crecimiento económico como mascara del desarrollo; en la segunda, aceptando las raíces institucionales y culturales de los procesos de desarrollo y, la necesidad de ajustar las estructuras económicas a los continuos retos que imponen los mercados globales, se discuten los modelos de desarrollo humano, desarrollo sostenible, desarrollo endógeno y desarrollo local (Vázquez, 2005, pp. 38-42)[2].


[1]Según el informe de la Naciones Unidas en 2008 el monto acumulado de las inversiones extranjeras directas en los países en desarrollo asciende a la tercera parte de su Producto Interno Bruto. Argumenta el informe que es la principal fuente de financiación externa de los países en desarrollo.
[2] El enfoque de desarrollo endógeno, según Vazquez (2005, p.38): “prioriza las acciones de “abajo-arriba” en los proceso de desarrollo frente al enfoque de “arriba-abajo” que caracteriza las políticas tradicionales”. Vazquez no trata el concepto de “desarrollo local” en su libro, uso de lo “local” hace referencia a las iniciativa locales para jalonar el desarrollo; sin embargo, lo incluyó entre los modelos por las continuas asociaciones a las Agencias de Desarrollo Económico Local (Adels) y su promovido enfoque de desarrollo local, que en un plano riguroso sería el mismo desarrollo endógeno. Con apoyo de la OIT, UNDP, UNOPS, Cooperación Italiana, y la Unión Europea, las ADEL sirven como apoyo social y económico a los territorios a través de servicios de asistencia técnica, créditos de inversión, información y capacitación (Pnud/Unpos, 2002)

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