Algunas consideraciones[1]
Harvey, D. 1990, Los límites del capitalismo y la teoría marxista, Fondo de Cultura Económica, México, D.F. (Capítulo XII: “Las crisis en la economía espacial del capitalismo. Dialéctica del imperialismo”)
El documento plantea una
visión crítica de algunos aspectos planteados por Harvey en el texto de
referencia. En las presentes líneas no se agota la totalidad del texto pues en
cada línea leída me surgieron muchas preguntas y solo un par de ellas tomaron cuerpo
en el escrito.
Harvey, el comenzar proponiendo
que la organización geográfica del capitalismo absorbe las contradicciones
dentro la forma del valor, es olvidar la imprecisión de Marx al calcular el
valor como resultado del “trabajo socialmente necesario” y reducir el trabajo
calificado a trabajo simple, problemas que se hacen evidentes una vez se
comprende teoría del capital humano de Becker y se analiza con cuidado el
problema de la diferenciación de la renta (tratada inicialmente por David
Ricardo y retomada por Marx en el tercer volumen del capital). Es importante
señalar que dicha inconsistencia en el análisis marxista sesga los resultados
soportados en la llamada “crisis de acumulación” que argumentan sus seguidores:
la tendencia a la disminución de la tasa de ganancia que argumenta Marx, se
soporta en la composición orgánica de capital que es la relación entre el
trabajo y el capital, ahora bien, para que caiga la tasa de ganancia, como
presupone la “crisis de acumulación”, la plusvalía debe permanecer constante,
solo aumentaría en términos absolutos como ampliación de la jornada laboral;
pero, qué pasaría si la tasa de plusvalía no tienen un comportamiento
constante, es decir sí las innovaciones y educación de los trabajadores
aumenten el numerador más que proporcional al denominador de la composición
orgánica del capital, un derivación simple muestra que dicho comportamiento
invalida toda pretensión de considerar una crisis capitalista por el solo hecho
de acumulación de capital. No es extraño que Marx clasifique como “trabajo
improductivo”, no generados de valor, al sector servicios pues el valor no está
claramente especificado, no obstante el sector servicios es donde se concentran
la mayor generación de valor agregado[2], es el
principal generador de riqueza de las economías contemporáneas. Como anticipé,
solo vamos en la primera página y eh agotado un 15% del espacio para el texto.
Continúa, el valor agregado medido
en tiempo puede resultar ser idéntico en dos actividades que usan diferentes
niveles de capital humano, no pasa con la contabilización de la producción
bruta. En 1970, dos años después de la publicación del primer tomo del Capital,
Walras, Jevons, Menger, los primeros exponentes de la teoría de la utilidad
marginal argumentan que no es el trabajo el que genera la riqueza, el valor es
una construcción subjetiva que dependen de la utilidad manifiesta del bien o
servicio, en situación moderna es la idea de negoció la que crea valor mediante
el uso de la tierra, el capital y el trabajo. El ejemplo más trivial, 10 vasos
de agua en el desierto, aunque contengan el mismo valor trabajo, representan
utilidades diferentes a quien los usa, asumiendo que el mismo individuo los
consume, no representa la misma utilidad el primer vaso que el decimo y esto se
puede observar en el uso que le hacen a los diferentes vasos de agua y la
manifestación del placer en el individuo. Así, la utilidad marginal desarticula
la estructura marxista al desmitificar la plusvalía.
Otro punto que no parece
claro para los políticos y algunos geógrafos radicales, trasparente para J.
Hicks, evocando la injusticia social, es que en la revolución industrial es
normal que la diferencia entre ricos y pobres se amplíe, la naturaleza del
capital cambia, pues la proporción de capital fijo crece exponencialmente a
costa del capital circulante; entonces, en el corto plazo la diferencia entre
las clases crece pero a costa de capital fijo, con las siguientes inversiones,
el trabajo se vuelve más productivo, bajan los precios y los costos al tiempo
que se sobrevive en un mercado competitivo; no obstante, en el largo plazo
quienes han invertido en capital fijo a costa del capital circulante, recogen
los frutos de la productividad que van a aumentar el capital circulante
disponible y con esto los salarios, pues el empleado produce más y más barato,
presión que lleva al empresario a subir los salarios. No lo hace por
benevolencia, es la tasa de capitalización para aumentar el rendimiento del
trabajo, son los equipos de capital los que aumentan el rendimiento y eso
aumenta los salarios. Los países desarrollados tienen unas tasas de
capitalización más alta que los países pobres, es por esos que los salarios son
diferentes y es precisamente la tasa de capitalización aquella que sustenta las
diferencias en los procesos productivos y posibilita la “revaluación masiva”
(en contraposición de la “devaluación masiva”) de los territorios. Dado lo
anterior debe cogerse con pinzas la afirmación de Harvey (p. 421): “la
acumulación de capital y la miseria van de la mano, concentradas en el
espacio”.
Las teorías de la
aglomeración, dispersión del capital en el mundo es la consecuencia de las
oportunidades que los empresarios buscan para mejorar sus rendimientos
económicos al acercar sus ofertas a consumidores que pueden necesitar sus
productos, no necesariamente una imposición capitalista. El tema de la
“devaluación de los lugares” es confuso en la parte de la migración de los
capitales de un lugar a otro puesto que la “alteración de la alianza local” por
la movilidad del capital tiene un soporte netamente especulativo; mientras, los
dispositivos fijos del instalados en el espacio no están dentro del dominio del
capital especulativo, es soporte de inversión real que apoya los procesos
productivos locales. No se olvide, además, que las teorías del comercio
internacional, la ventajas comparativas de Ricardo que lejos de ser un juego de
suma cero, como quiere hacerlas ver Harvey, es la garantía para aprovechar
intercambios mutuamente beneficiosos para las regiones[3], en la
misma línea, los modelos de Heckscher-Ohlin, entre los otros desarrollos
neoclásicos para explicar las interrelaciones comerciales entren los países,
las motivaciones de los lugares a producir e intercambiar, además de las
diferencias entre regiones como participantes de los flujos de comercio y de
capital. Ahora bien, adviértase que es diferente una competencia local,
regional o nacional por recursos de capital que una relación de mercado, comercio
a diferentes escalas, son dos esferas diferentes, que sí bien interactúan la
una con la otra, homólogas, no debe correrse el riesgo de confundirlas en el
análisis pues sus expresiones espaciales son diferentes.
Es innegable que los
procesos sociales son espaciales, que la expresión de parte de las inversiones
son los dispositivos que se instalan en el territorio con el fin de lograr
articulaciones, cercanías, movimientos de capital. Pero algo para negar es
la naturalización como aceptable, de
aquellos procesos que lesionan la libertad de los mercados en aras de proteger
“la coherencia de la alianza local” que plantea Harvey[4]. Al
respecto, él ve la “alteración” como una manifestación tanto interna como
externa de las fuerzas de mercado que guían los destinos del capital; dadas las
consideraciones espaciales de las relaciones sociales, las luchas de clase
adquieren nuevas formas, tensión permanente entre la inmovilidad de la fuerza
laboral y la infraestructura social y las
diversas formas de movilidad del capital, donde la principal es la movilidad
financiera. Bien lo plantea Harvey al aseverar que las estructuras jerárquicas
son un mal endémico que mantiene las tensiones local-global, al respecto,
estaría de acuerdo en considerar que estructura de organización territorial
impuesta por un Estado crea resultados caóticos e ineficientes para la
población en su conjunto.
[1]
Documento preparado para el seminario teórico de la maestría en estudios
socioespaciales. guberney@gmail.com
[2] Aquí no
se hace alusión al valor como una expresión del “tiempo socialmente necesario”
para producir una mercancía sino como expresión de la teoría de la utilidad
marginal decreciente desarrollada por la escuela marginalista.
[3] Un
ejemplo para Latino América es Chile, alcanzó durante éste año el puesto 10 de
179 países en el índice de libertad económica (un menor puestos significa mayor
libertad relativa) y en el informe de Desarrollo Humano del 2009 se clasifica
en los países desarrollo humano alto.
[4] Es
precisamente en esa postura donde se observa el tratamiento indistinto de
Harvey a las esferas de la competencia y la inversión.
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