Veamos:
Un punto
que no parece claro para los políticos y algunos geógrafos radicales, trasparente
para J. Hicks, evocando la injusticia social, es que en la revolución
industrial es normal que la diferencia entre ricos y pobres se amplíe, la
naturaleza del capital cambia, pues la proporción de capital fijo crece
exponencialmente a costa del capital circulante; entonces, en el corto plazo, la
diferencia entre las clases crece pero a costa de capital fijo, con las subsiguientes inversiones, el trabajo se vuelve más productivo, bajan los precios
y los costos, al tiempo que se sobrevive en un mercado competitivo; no obstante,
en el largo plazo quienes han invertido en capital fijo a costa del capital
circulante, recogen los frutos de la productividad que van a aumentar el
capital circulante disponible y con esto los salarios, pues el empleado produce
más y más barato, presión que lleva al empresario a subir los salarios. No lo
hace por benevolencia, es la tasa de capitalización para aumentar el
rendimiento del trabajo, son los equipos de capital los que aumentan el
rendimiento y eso aumenta los salarios. Los países desarrollados tienen unas
tasas de capitalización más alta que los países pobres, es por esos que los
salarios son diferentes y es precisamente la tasa de capitalización aquella que
sustenta las diferencias en los procesos productivos y posibilita la
“revaluación masiva” (en contraposición de la “devaluación masiva”) de los
territorios. Dado lo anterior debe cogerse con pinzas la afirmación de Harvey
(p. 421): “la acumulación de capital y la miseria van de la mano, concentradas
en el espacio”.
Harvey, D. 1990, Los
límites del capitalismo y la teoría marxista, Fondo de Cultura Económica,
México, D.F. (Capítulo XII: “Las crisis en la economía espacial del
capitalismo. Dialéctica del imperialismo”)
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